Han pasado ya seis días desde que acabase el Ironman Barcelona. Ya he tenido tiempo de digerir sensaciones, de emocionarme viendo las fotos una y otra vez, de contárselo a los compañeros de trabajo que se han interesado por saber qué es eso de pegarse una paliza de doce horas y, sobre todo, he tenido tiempo de descansar cuerpo y mente. Que falta me hacía.

El lunes fue un día horroroso. Cuatro reuniones con la cabeza en ningún sitio, bostezando, quejándome al andar, al levantarme, al sentarme, al subir y bajar escaleras. El martes, más de lo mismo, aunque con la cabeza un poco más despejada. Y el miércoles, primer día en que noté que las baterías empezaban a recargarse. Hoy, sábado, tengo ya ganas de salir a correr por el campo, sin música ni reloj, relajado y sin pensar si tengo que subir o bajar pulsaciones. Correr por el mero hecho de correr y disfrutar.

Empiezo a ser consciente y a disfrutar con los recuerdos que tengo en la cabeza: nostalgia del mal rato viendo llover, nostalgia de los dolores en la espalda, de esos dos minutos que iba tan tan tan jodido y me escondí detrás de un polaco enorme para aprovechar un poco su rebufo (sí, lo siento, durante dos minutos de casi seis horas hice drafting, fui débil), nostalgia de cada uno de los pasos dados en la maratón, que pese a ser más de cuatro horas y media en mi cabeza apenas son un flash de diez segundos; y nostalgia infinita de la entrada en meta.

Llega entonces -y la razón de sentarme hoy a escribir de nuevo- el momento de los agradecimientos. Empezando por supuesto por @juditizquierdo. Mi amor, sin ti, no hubiera sido posible. Ya lo sabes porque no me canso de repetirlo: este ironman es de los dos. Nos pertenece a partes iguales. Cada brazada, cada pedalada y cada zancada dada el domingo, la dábamos juntos.

Gracias por tu paciencia, por tu ánimo, por los gritos saliendo del agua, por hacer de community manager durante todo el domingo, por el beso a trescientos metros de meta y por emocionarte conmigo. Esta semana hemos estado separados, sí, pero en Frankfurt nadie podrá quitarnos disfrutar del post ironman juntos. Te lo prometo.

En segundo lugar, gracias a mis padres. No solo por la paliza que se pegaron entre el sábado y la madrugada del domingo, si no por vivir junto a mí uno de los días más importantes de mi vida, ahora que ya saben lo que es un ironman y no se cansan de contarlo por ahí. Mi padre no se acuerda, pero hace tres o cuatro años, en unas vacaciones en Santoña, mientras yo corría 17kms y él me acompañaba en bici le hablé de lo que era un ironman. Él dijo que tenía que ser la hostia hacer uno de esos. Que había que ser un faíco para hacer eso. Pues bien. Ya lo tenemos.

Txema, gracias hacerme creer que esto era posible; gracias por la caña que me has dado, por animarme cuando decaía, por ayudarme a levantar. Quiero entrenar contigo ad infinitum y más allá, esté en Valladolid o en el Congo Belga, porque sé que a tu lado solo se puede aprender. Y no solo a nivel deportivo. Eres un modelo a seguir.

Javi: Si he llegado a meta, ha sido gracias a tu apoyo, a tus madrugones para que entrenásemos juntos, a las nataciones compartidas, a las palizas por Collserola, a tantas y tantas conversaciones por whatsapp y gtalk desmenuzando cada suceso y noticia relacionada con el ironman. Has tenido más paciencia que un santo. Los dos sabemos que en menos que canta un gallo, tú también estarás pasando por debajo de ese arco azul. No pongas esa cara. Sabes que tengo razón.

Gracias a toda la gente del club, quienes en mayor o menor medida habéis tenido palabras de aliento y consejos a medida que se acercaba el día. Rafa, Miquel, Albert, Joaquín, Oriol, Lolo, Alexis, Alex y Virginia, Sergio, Alex y Belén, David, Gregory, Peri, Raúl, Erik, Gary, Silvia… Y todos los que me dejo en el tintero. Ya lo dije el día que me despedí: llevo con vosotros un año, pero ha parecido una década. Sois muy grandes.

Albert, David, Pablo, Fidel, Gelo. Os he puesto la cabeza como un bombo con el ironman los últimos meses. Gracias por estar ahí. Coged fuerzas, que en nada vuelvo al ataque.

Y digo en nada porque es cierto. Porque aunque el domingo quería mandar el ironman a tomar por culo, ahora solo quiero que llegue el cinco de julio para disfrutar de nuevo. Frankfurt, allá vamos.