Ayer se disputó una nueva edición del Ironman de Barcelona. El sueco Patrick Nilsson se hizo con la victoria marcándose un Sub8 que supone el récord en la prueba. Participaron más de 2.500 personas, entre ellas nuestra querida María Puig, de quien en nada tendremos la crónica de sus doce horas y poquito. Y el segmento de bicicleta volvió a verse envuelto en la misma polémica de siempre: el dichoso drafting.

Hay que reconocer que los organizadores de la prueba ponen todo su empeño en tratar de minimizar los efectos de tan triste práctica, la de chupar rueda como unos descosidos, pero ni con esas se logra erradicar esta plaga. El año pasado se instauró la rolling swim start que en teoría hacía que la gente saliese más distanciada del agua, y los pelotones fueron de escándalo.

En esta edición el cambio del trazado, con dos subidas a Argentona, facilitaban que en esos tramos de desnivel positivo, se abriesen diferencias entre los distintos triatletas, pero según pudimos ver en la retransmisión de la propia organización, y a través de vídeos y fotografías colgadas por espectadores en las redes sociales, en determinados puntos los pelotones eran los de siempre.

¿Por qué esa necesidad de hacer trampas? Ponemos a parir a los que se dopan, les tildamos de sinvergüenzas, y luego metidos en materia, los triatletas nos aprovechamos de medidas ilegales para mejorar nuestro tiempo. ¿Está orgullosa la gente que ha llegado a meta, sabiendo que ha chupado rueda todo lo que ha podido y un poco más? Nosotros creemos que no es para estarlo, de verdad.

Ahí van unas cuantas fotos vistas ayer, a ver qué os parece a vosotros…