Ya hemos hablado muchas veces de las consecuencias físicas de competir en un Ironman y cómo puede afectar a tu cuerpo cada vez que te plantas en la línea de salida. Ayer, mientras Javier Gómez Noya debutaba en su primer Ironman en Cairns, otros muchos triatletas luchaban simplemente por llegar a la línea de meta antes del corte oficial.

El portavoz del Servicio de Ambulancias de Queensland ha hecho público el balance de asistencias en las que tuvieron que intervenir el pasado 10 de junio. Al menos 30 deportistas necesitaron ayuda médica a lo largo de la celebración de la prueba. Hace dos ediciones moría un triatleta japonés de 47 años durante el segmento de natación de esta misma prueba. Su cuerpo aparecía inconsciente en el agua y nada pudieron hacer los servicios de emergencia que le asistieron.

El Servicio de Ambulancias de Queensland atendió a 28 personas y, de ellas, 11 tuvieron que ser trasladadas al hospital con diferentes síntomas“, ha dicho el portavoz. Estos síntomas iban  “desde náuseas y vómitos hasta lesiones en tejidos blandos, dislocación de articulaciones y extremidades, e incluso problemas y afecciones cardíacas“.

Aun pareciendo muchas las personas que tuvieron que ser atendidas, comparado con los más de tres mil triatletas que tomaron la salida, son menos del uno por ciento, lo que afortunadamente son muy buenas noticias. Algo que demuestra que cada vez se va más preparado a pruebas de esta envergadura.

Y uno de los mejores ejemplos para todos nosotros son los grupos de edad más mayores, quizá no sean los más rápidos, pero sí los mejor entrenados y conscientes de que su único objetivo es terminar, y terminar bien. Solo como anécdota, el triatleta de mayor edad en esta edición de Ironman Cairns 2018 ha sido el neozelandés Brian Boyle, categoría de edad 75-79 y que terminó en 14 horas, 32 minutos y 32 segundos.

Fuente: Cairns Post