Por las manos de Iván Muñoz Tebar (Madrid, 1977), responsable de Mallorcatraining, han pasado en la última década algunos de los mejores triatletas de este país: Desde Mario Mola, a quien descubrió hace doce años en las piscinas de Palma e hizo de él gran parte de lo que es en la actualidad, hasta Emilio Martín y Laura Gómez, últimos subcampeones del mundo de duatlón y triatlón cross en Penticton (absoluto y junior, respectivamente), pasando por Uxio Abuin, Miguel Ángel Fidalgo o Roger Serrano, entre otros. Nos atiende el teléfono desde Menorca, sin apenas cobertura, en medio de unas vacaciones en las que -la cabra tira al monte- termina buscando algo de cobertura para sacar dos horas al día y mirar cómo han ido los entrenamientos de sus pupilos.

En un momento en que salen entrenadores de triatlón de debajo de las piedras, en muchas ocasiones sin más base formativa que la propia experiencia, escuchar a hablar a Iván es un auténtico regalo para los oídos de un triatleta. «No soy el típico entrenador de planificación cerrada con puntos y comas«, se define. «Me gusta ser muy abierto, en el sentido de que el deportista note libertad y no piense que esto es una cárcel de entrenamientos». Para él, el básico que haya margen de maniobra para que, a lo largo de una semana, se puedan modificar las rutinas. «Al acabar la semana hay que cumplir unos contenidos, en función de ellos, si un día toca algo y no se puede, porque se arrastra mucha fatiga o porque simplemente no se puede hacer, no pasa nada, readaptamos y volvemos a ubicar en el momento más adecuado, dentro de la misma semana«.

Dentro de esta manera de trabajar, también hay que tener en cuenta con quién trabaja: «La gente de mucho nivel, más que necesitar que les digas cómo hacer las cosas, necesitan el qué, el cuando y cuánto, básicamente. A partir de ahí ellos se suelen rodear de gente para que les echen una mano en según qué entrenamientos complicados». «Hay un factor principal que es el feedback diario de sensaciones para generar la cantidad equilibrada de carga que administrar«. Para que ese equilibrio entre exigencia y flexibilidad tenga éxito, sólo hay un camino: «La continuidad del trabajo». Para Iván, «si tienes continuidad, los resultados antes o después terminan saliendo«.

La suya no es una manera de trabajar al uso, sin duda, e incluso sus propios pupilos a veces se sorprenden: «A Emilio una de las cosas que más le llama la atención desde que está conmigo es que ha adquirido su mejor rendimiento a carrera a pie, en bici, y en las dos disciplinas en conjunto sin tener que hacer los entrenamientos a los que estaba acostumbrado en su época de atleta, que se sacaba los ojos«. De un tiempo a esta parte comienza a surgir la idea, entre los entrenadores de élite, de que es casi tan importante el entrenamiento en sí, como la recuperación posterior. Incluso hay aplicaciones, como Training peaks o Stravistix para Strava, que te marcan los niveles de fatiga. «Se trata de ajustar la carga para que en dos días puedas estar de nuevo al cien por cien. De nada te sirve un entrenamiento durísimo y que luego tardes cinco días en recuperar«.

Para Iván, referencias claras en su modelo de trabajo son es el norteamericano Steve Magness, antiguo asistente de Alberto Salazar en el Nike Oregon Project y que hoy por hoy es una eminencia en el entrenamiento de atletismo en pista, Renato Canova -padre del «el ritmo es mucho más importante que la distancia»-, o Bret Sutton, entrenador de Daniela Ryf. «Al final es olvidarse de eso de que para ser un maratoniano solo hay que hacer rodajes, o para ser un atleta de 1.500 solo hay que hacer series«. «La tendencia es reducir volúmenes, prima la recuperación al incremento de volumen«. De esta política se beneficia, por ejemplo, el propio Emilio Martín, cuyas cargas de entrenamiento distan mucho de los números a los que nos pueden tener acostumbrados otros deportistas profesionales: «Depende del momento de la temporada en que estemos, pero de media cada semana salen entre 55 y 65 kilómetros de carrera a pie, y en bici entre 350 y 400. No mucho más. Por ejemplo, sesiones de bici de más de cuatro horas las podemos contar con los dedos de una mano, como mucho tres horas».

«Aunque estés trabajando para media o larga, tu objetivo tiene que ser ser rápido, o buscar potencialmente tu máxima velocidad útil«, recalca. «A partir de ese techo de velocidad, ya decides cómo trabajar: si enfocas a distancia olímpica, media o larga«. Fruto de esta directriz, Emilio Martín, que tradicionalmente compite en duatlón de distancia olímpica, fue capaz de adjudicarse el último Desafío Doñana con un ritmo medio de 3’36» en los 30 kilómetros de carrera a pie. «Eso no lo habíamos trabajado en todo el año«.

Otro que esta sacando gran partido a esta filosofía desde que está con Iván es Miguel Ángel Fidalgo. El mallorquín, ganador este pasado domingo del Triatló Port de Palma, sexta prueba de las Santander Triathlon Series, ha recuperado sensaciones en este 2017. «En su caso lo primero era quitarle de la cabeza la distancia Ironman, porque alguien como él, a su edad, 29 años, puede ser muy competitivo jugando en un equilibro entre media distancia y olímpica«. Los resultados están ahí: segundo en el Half de Vitoria, tercero en Zarautz, primero en Guadalajara y Can Picafort… «Este año ha hecho algunos parciales a pie muy buenos y a estas alturas de la temporada en bici ya tiene el puntito. En Pálmaces el objetivo era intentar que Gustavo Rodríguez no le sacara mucho en la bici, y consiguió estar ahí, cerca, y luego superarle en la carrera a pie. Y una semana después fue capaz en el Camponato Sprint por autonomías de hacer el mejor parcial de carrera a pie, con más de 20″ sobre Sánchez Mantecón«.

Según Iván, «Fidalgo está para hacer 30′ en el 10K de un olímpico«. Para hacernos a la idea, «cuando Mario fue subcampeón de España de Cross Promesas en A Coruña, en el año 2010, Miguel Ángel fue sexto. Pero es que el TOP10 de aquella carrera fueron Roberto Alaiz, Francisco España, Sebas Martos, Mohamed Elbendir, Iván Fernández… Gran parte de lo que es hoy la selección española absoluta, y estos dos se metieron ahí. Esa carrera, para mí, su equivalente en llano es un 29′ perfectamente».

Llegados a este punto, y a apenas dos semanas de la Gran Final de las Series Mundiales, ponerse a hablar de Mario Mola es inevitable. «Al final la cuestión de Mario de estas dos últimas carreras en que se ha resentido al final ha sido la bici, que le ha tocado toda la tostada y tirar de galones, y eso en la carrera luego te merma«, piensa Iván. «Yo creo que en Rotterdam sacará la calculadora«. Ya hicimos los cálculos: Cualquier puesto dentro de los cinco primeros, le es suficiente para hacerse con el título. «En las finales siempre nada muy bien. Si sale en el grupo no habrá problema; si no sale con ellos no tirará tanto como en Montreal y Estocolmo».

«Conozco mucho a Mario y para correr así es que tienes que haber dado todo en la bici. No hay otro como él. Pones a todos a correr un diez mil en pista, y el único que podría aguantarle sería Alistair Brownlee«. A sus 27 años, Mario puede hacerse con su segundo título de Campeón del Mundo, igualando a Javier Gómez Noya a su edad, que también atesoraba dos triunfos. La pregunta es sencilla. ¿Puede Mario llegar a mejorar el palmarés de Javi?: «Yo creo que por tendencía sí, y también porque Mario creo que va a estar más dedicado al triatlón de corta algún tiempo más que Javi«. Mario sólo ha corrido una vez en media -Challenge Peguera Mallorca 2016, que no terminó por un pinchazo-. «El siempre ha dicho que preferiría preparar un maratón que un media distancia«. «Además, creo que en estos momentos no hay nadie que pueda estar a su altura en una distancia sprint, salvo quizás Jakob Birtwhistle, que en uno o dos años, cuando madure, puede ser un rival muy potente».

«El nivel al que podría haber llegado Mario en un diez mil en pista es de 27:30, a los niveles de un Juan Carlos de la Osa«, afirma Iván. «En el CAR hacían una prueba de esfuerzo, el último año que estuvimos, y el médico nos dijo que los valores de Mario solo se los había visto ese año a Juan Carlos Higuero«. Estamos hablando de 2010, cuando el burgalés estaba en el zenit de su carrera. Aquel año, ambos se vieron las caras en el Cross de Elgoibar. Mario fue decimoquinto con un tiempo de 34:13 sobre 10.796 metros, solo un puesto por detrás de un Higuero que en meta se preguntaba quién era aquel niño que le sprintaba en meta. Pocos días después hacía 14:03 en un cinco mil en pista «sin apenas haber tocado el tartán durante la temporada«.

Acaba Iván la entrevista con una frase que ya le hemos podido escuchar otras veces: «Ahora le queda extrapolarlo al diez mil. Porque Mario no es un chaval rápido, es resistente«. Pues menos mal que no es rápido, ¿verdad?

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