Tal como comentábamos hace poco, Jan Frodeno se ha hecho con el segundo puesto en el Premio al Mejor Deportista Alemán del año, por detrás del gimnasta Fabian Hambüchen. Con la excusa, la revista especializada SportsBild les ha entrevistado a ambos.

Comienza Frodeno respondiendo a la pregunta de «a quién llamó al terminar la prueba de Kona«. El alemán es poco original en este sentido: a sus madre. Su esposa Emma estaba a diez metros esperándole tras su entrada en meta, pero después, con ya todo calmado, habló con sus padres, que no pudieron trasladarse hasta Hawaii por la dificultad del viaje.

Después,  habla de todas las felicitaciones que tiene pendientes de responder: aunque reconoce no ser un usuario habitual de Facebook, donde «el número de notificaciones es abrumador», su mayor preocupación son los 16.000 correos que tiene sin responder. Y creciendo. Una barbaridad.

A partir de ahí habla del tema alimentación. En primer lugar, su porcentaje de grasa, que en algún momento ha llegado a ser del tres por ciento, aunque reconoce que eso no es sano. En periodo competitivo, el doble Campeón del Mundo de Ironman habla de un cinco o un seis por ciento, que ya de por sí, para el resto de los mortales (e incluso para triatletas de alto nivel) es bajísimo.

Después, el tema de la comida. Qué es lo que le gusta comer después de una prueba de este calibre. «Una buena pizza siempre va bien. También me gusta una botella de buen vino tinto. En mi caso es de lo más normal: durante ocho horas de carrera me tomo 24 geles de puro azúcar, más la cocacola, las bebidas deportivas y demás. Así que en tres o cuatro semanas no puedo ver nada dulce. Prefiero la comida picante y grasa».