No es la manera en que hubiera querido terminar la carrera“, escribía el pequeño de los Brownlee en su cuenta de Instagram horas después de abandonar en casa, en las Series Mundiales de Leeds, ganadas por Richard Murray y en las que que Mario Mola se hizo con la segunda posición. “Mi estómago no estaba muy bien desde la carrera del jueves“.

Jonathan, en ausencia de su hermano Alistair, era el máximo favorito para hacerse con el triunfo en una carrera que está organizada para su lucimiento: las dos primeras ediciones coparon las dos primeras plazas del podio, el recorrido está diseñado según sus instrucciones y se conocen cada recoveco al dedillo. Pero no pudo ser.

Tragué demasiado agua en el lago“, reconocía, tras ser forzado a retirarse a la altura del kilómetro cinco de la carrera a pie, con la mano en el estómago y dando claras muestras de sufrimiento. “No llegaba en una forma asombrosa, pero sí en muy buenas condiciones“, había dicho en la previa un triatleta que lideró la carrera hasta bien entrado el segmento ciclista, poco antes de alcanzar la T2, cuando empezó a tener los problemas.

Annus horribilis

Ni 2017 ni 2018 son temporadas de las que Jonathan Brownlee vaya a guardar grato recuerdo en su memoria. Tras el exitoso 2016, donde se hizo con la plata en Río y se quedó a 300 metros de coronarse campeón de las Series Mundiales, no levanta cabeza entre lesiones, enfermedades y accidentes.

El año pasado a estas alturas de la temporada ya apenas tenía opciones de lograr un buen resultado en la clasificación general, y en este 2018 va por los mismos derroteros: trigésimo cuarto en el ranking con 626 puntos, recibidos por su séptimo puesto en la primera prueba del calendario, Abu Dhabi.

En Bermuda y Yokohama no fue de la partida, y de Leeds se marcha con un DNF que le deja a 3.000 puntos de Mario Mola, con 4.250 puntos en juego. Sin duda, muy complicado.

La falta de continuidad

Hace unos días hablábamos de la consistencia competitiva, la capacidad de los deportistas de ser regulares a lo largo de una carrera o una temporada. Jonathan Brownlee, que con 22 años se hizo con su único título de Campeón del Mundo, va por desgracia camino de engrosar la lista de triatletas que no la gestionan correctamente.

En una sola carrera -y contando con la inestimable ayuda de su hermano, con quien conforma un dúo letal- es un deportista muy difícil de ganar, pero por desgracia para él -y para los aficionados, que queremos verle luchando por los puestos de cabeza- en el medio plazo está demostrando que le falta el punch que rivales como Mario Mola, Vincent Luis o Javier Gómez Noya sí tienen.