A estas horas, cuando muchos duermen, el ultrafondista valenciano afincado en Zaragoza, Juan Romero lleva corriendo desde las 12 de la mañana con un objetivo: 24 horas, 1.000 vueltas a la pista de atletismo del Colegio Montearagón de Zaragoza y 200 kilómetros por recorrer. Romero quiere batir el récord de Aragón que ostenta hasta ahora el zaragozano Jesús Gómez, que consiguió recorrer 193 kilómetros en diciembre de 2014 en Barcelona durante los 1.440 minutos disponibles para completar la hazaña.

Han pasado muchos años y muchos kilómetros desde que este valenciano corriera su primera maratón en 1989. Lo suyo es correr por el placer de correr, y su filosofía de vida lo dice todo: «lo contrario de vivir es no arriesgarse». El fondista se ha propuesto estar 24 horas corriendo sin parar. ¿Y por qué una persona se fija un objetivo tan poco habitual? Pues según contaba Juan Romero en Heraldo, su objetivo es educativo y formativo de cara a los alumnos del colegio, donde trabaja como coordinador de atletismo. Y personal: quiere demostrar que le gusta correr y que hace esto de forma voluntaria porque disfruta. Desde el primer día que entró a trabajar como coordinador se dio cuenta que si quería cambiar la prioridad del fútbol en el colegio y suscitar la atención por el atletismo entre los más jóvenes, tenía que llamar su atención viéndole correr dando vueltas. Romero ha participado en 250 medios maratones en suelo aragonés, 80 maratones y tres carreras de 100 kilómetros. En los últimos diez años lleva en las piernas 35.430 kilómetros y en 2018 ha hecho 4.367 kms.

Juan Romero

Foto: Ubuntu Runners

Parece una locura. ¿Cómo se puede gestionar psicológicamente estar corriendo durante 24 horas seguidas? Lo que más preocupa a Juan Romero, además del físico, es la cabeza. Cuando las carreras han sido duras y sufridas, es cuando más fuerte se ha visto siempre. Para perseverar en las vueltas se necesita fortaleza, humildad -porque va a haber momentos feos por la noche y habrá que aceptar la imperfección en forma de fatiga y dolor- y amor. «La clave es no tener prisa, voy sin reloj y sin un ritmo concreto”, recordaba el atleta, cuya idea es completar el 60% del reto (120 kilómetros y 600 vueltas) a la medianoche. 

Todo ello sin olvidar la parte física que importa y mucho en una prueba como ésta. En este sentido, la alimentación y la hidratación juegan un papel fundamental. El plan: “comer cada 50 vueltas y beber cada diez porque el consumo de calorías va a ser muy alto, entre 6.000 y 8.000 calorías».

La climatología era otro de los puntos a tener muy en cuenta. Hoy Zaragoza amanecía con sol radiante matutino y buena temperatura, mínima de 6 por la noche y máxima 25. Sin viento ni lluvia, todo buenos presagios para este ultrafondista que a sus 47 años afronta un reto que une sus dos pasiones en la vida, enseñar y correr.

Fuente: Heraldo