Nunca, nunca, pero que nunca, hagáis lo que he hecho yo este fin de semana. Por mucha preparación de ironman en la que estéis, por mucha lesión que hayáis tenido y queráis recuperar estado de forma, por mucho que os apetezca salir en bici, no entrenéis dos días seguidos a tope.

El viernes había quedado con Mimoso para hacer exactamente una hora de carrera de montaña por Collserola. El hombre se creció, (:-P), nos liamos la manta a la cabeza, y nos terminaron saliendo 19kms en 1h55′, con 430mts de desnivel. Terminamos casi a las diez de la noche, ya sin apenas luz.

En menos de diez horas habíamos quedado con más gente del club para hacer salida en bicicleta. Yo le había alquilado una bh a Claudio Montefusco, y me moría de ganas por volver a pedalear tras el accidente. Podía haber salido a mi bola, a mi ritmo, pero no; preferí salir con estos animales, yendo hasta arriba de pulsaciones. He estado revisando el track en el strava y me salen picos, en plano, a 160ppm. Lo bueno es que aguanté hasta Parpers. Bien, poco a poco vamos mejorando bicicleta. Ganas locas de que llegue la S5.

Tras un rato de playa con @juditizquierdo, comí sobre las dos menos cuarto y marché para la zona de Cabrera d’Anoia, donde a las cinco de la tarde, con un calor de justicia, empezaba La Cursa dels Cellers, media maratón de montaña a la que me había apuntado entre semana: ya que me había perdido Banyoles y Arrroyo de la Encomienda, echaba de menos el competir, aunque fuese en carrera a pie. Pensando en el Altriman, competir además con desnivel me parecía una magnífica idea.

Como dicen en el anuncio ese de comparador de seguros: Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerror!

Recorrido de la Cursa dels Cellers

Me había estudiado el track bastante entre semana, y había unos 450 metros de desnivel, concentrados en dos tramos. Tenía previsto salir relajado, a los mismos ritmos que en los entrenamientos con Mimoso, pero los huevos. Éramos apenas 150 participantes (entre la media y los 10kms), y nada más dar el inicio me encontré en el grupo de los veinte primeros.  Se empezaba descendiendo tres kilómetros,  y de buenas a primeras me encontré en 170 ppm. Era consciente de que mantener ese ritmo durante un largo periodo de tiempo era imposible, pero no conseguía bajar de 165. El grupo se fue alargando, yo me empecé a quedar y me adelantaron cuatro o cinco que venían por detrás. En un par de avituallamientos me unía a un grupo reducido que también se había quedado por delante, pero en cuanto empezábamos a correr se distanciaban.

Llegamos al 7,4. Estaba prevenido: una rampa de 40 metros de desnivel en apenas 250. Una locura que todos hicimos en fila india y agarrándonos donde buenamente podíamos. Me dejó destrozado, reventándome de nuevo las pulsaciones. Continuaba con otros seis kilómetros de subida, pronunciada a veces, ligera en otras, pero yo notaba que algo no iba bien. Las piernas me estaban diciendo “chaval, déjanos descansar un rato, esto no hay quien lo aguante”. Tomé un gel, a ver si recuperaba sensaciones, pero en el km 11, cansadas de que no les hiciese caso, decidieron pararse por decisión propia. Me tocó ir andando hasta el doce y medio. El calor era insoportable y estaba en medio de la nada. En estos diez o quince minutos que anduve, apenas me adelantaron seis personas. Flipé.

Volví a correr aprovechando un tramo de asfalto. En el avituallamiento del km 14, en un celler, tomé una naranja entera, medio plátano, un buen vaso de agua y me rellenaron el bidón con hielos y agua. Recuperé sensaciones. No tenía nadie por delante ni nadie por detrás, así que fui haciendo. Cuando llegué al diecisiete, me crucé con un organizador que me aplaudió y me gritó “venga que ya solo te quedan dos kilómetros!” y me descolocó. Me quedaban unos cuarenta metros de desnivel, así que en nada debía venir otra rampa dura.

Quinientos metros de subida que al final tuve que hacer andando. No podía más. Entré en tramo de asfalto al trote. Me adelantó otro corredor, que cogí de referencia. Entramos en el pueblo y en meta más o menos juntos. 1h48′. El garmin marcaba 19’3kms, así que al final el ritmo había sido bueno. Al final, puesto 44 de 92 inscritos, es decir, en mi línea, en el punto medio (en el que está la virtud); aunque da igual, con lo que me quedo es con que sufrí lo que no está escrito, y que en apenas tres semanas tenemos el Altriman, que serán dos kms más, y noventa de bicicleta antes. Queda mucho trabajo por hacer, sin duda.

El domingo que viene, otra media maratón en Campaspero, Valladolid. Plana, eso sí.

La Cursa dels Cellers

La Cursa dels Cellers