Ya hemos hablado alguna vez de cómo afecta un ironman a nuestro cuerpo: que si millones de microrroturas, que si envejecemos veinte años, que si mentalmente nos deja extenuados… Sin tener en cuenta el después, el vacío que nos queda una vez que hemos acabado: la famosa depresión del finisher. Hoy vamos a ver cómo superarla, o hacerla más llevadera.

Una vez que he terminado Challenge Roth, me está costando horrores volver a entrenar. Han pasado casi tres semanas y apenas he salido dos veces: una con la bici, tres horas que se me hicieron eternas, y una de carrera a pie. Todo son excusas para escaquearme. Ayer lo conté en Youtube:

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Pero volvamos al tema: el no encontrar sentido a la existencia tras terminar un triatlón de larga distancia. Este es uno de los grandes errores que se comete. La depresión del finisher (SDPF, Síndrome Depresivo Post Finisher, para ponernos exquisitos), en el fondo no existe.

Un ironman es un evento especial y emocionalmente muy profundo (como la celebración de un cumpleaños, de una boda, o de una fiesta) que deja mella, y tras él no sabemos qué hacer. Así que lo primero es asumir nuestro éxito, digerirlo y disfrutarlo. No es ningún pecado estar dos semanas descansando, viendo las fotos de nuestra entrada en meta, y rascándonos las narices. No hay que presionarse con la idea de que no estamos entrenando, porque lo importante es descansar.

Incluso si notas que sigues agotado, descansa más. Yo, por ejemplo, tras Ironman Barcelona cometí el error de no valorar el descanso que necesitaba, y apenas veinte días después estaba corriendo 33 kms, y apenas otras dos semanas más tarde, corriendo el maratón de Oporto. Me costó varios meses recuperarme, así que no caigáis en el mismo error. Descansad, disfrutad de las tardes sin tener que entrenar, valorad ese nuevo tiempo libre.

Nuevos objetivos en el horizonte

En segundo lugar, es importante marcar un nuevo objetivo en el que centrarse: no a corto plazo. Medio plazo, como por ejemplo cuál es el siguiente ironman en el que competir, algo que nos permita ir relajados al principio, yendo poco a poco recuperando las sensaciones y las ganas de entrenar, y que nos deje margen de maniobra para preparar bien la prueba.

Esto nos ayudará a volver a nuestra rutina de entrenamientos sin estresarnos, con calma. En este camino de recuperación de las costumbres probablemente engordemos, comamos más donuts de los necesarios, pero no pasa nada. Porque esa es otra muy importante: sea lo que sea, nunca pasa nada. Esto es un hobbie, entrenamos y competimos porque queremos, no porque nadie nos obligue, y así nos lo hemos de tomar.

Como resumen, ésta es quizás la idea más importante. Un ironman es un evento que exige mucho de nosotros, física y mentalmente, y es básico que seamos felices a través de él. No puede ni ponernos de mal humor, ni estresarnos ni hostias. El camino hay que disfrutarlo, copón.

Está claro que hay que tener disciplina, ser rectos y constantes en nuestros entrenamientos, pero desde la asunción de que si hay que saltarse un entrenamiento, porque un día no nos apetece, no pasa nada, hay tiempo más que de sobra para ponerse al día.

Así conseguiremos que cuando volvamos a llegar a meta, las sensaciones sean mucho mejores.