A partir de una experiencia personal reciente os planteo reflexionar sobre la frustración del reto no conseguido. Es un tema que aparece en mi consulta de coaching deportivo cada día, pero que hoy además tiene una implicación personal que quiero aprovechar.

Todos nos marcamos objetivos deportivos, una triatlón, una half, una Ironman, etc. Da igual cual sea, para cada uno de nosotros es la motivación del año. Los entrenos, el calendario, la organización familiar, los sacrificios, todo está orientado en esa dirección: Conseguir alcanzar nuestro reto.

Pero, ¿qué pasa si no se alcanza? Aparece la frustración, provocando insatisfacción y vacío, que a su vez pueden tender hacia una sensación de desánimo, tristeza, derrota y rabia.  Este cuadro complejo lo veo habitualmente en la consulta y mi experiencia me dice que, incluso, podría acabar en un bloqueo emocional, en el que algunos deportistas se desmotivan de tal manera que incluso se plantean dejar la actividad.

Hay muchos motivos por los que se puede abandonar una triatlón, alguno de ellos son:

  • Caída de bici.
  • Problema mecánico en la bici.
  • Lesión.
  • Calambres.
  • Deshidratación.
  • Extenuación física.
  • Descalificación.
  • Mala gestión de los pensamientos negativos.
  • Ataque de pánico en el agua.

Las causas son variadas:

  • Falta de entreno adecuado.
  • Falta de revisión técnica.
  • Falta de hidratación.
  • Sobrevalorar las propias posibilidades.
  • Fallo en la elección del reto.
  • No conocer o no respetar las normas de la prueba.
  • Falta de preparación psicológica.
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Foto: Barter Photography

¿Cómo podemos gestionar nuestra frustración?

Aprovechar esta decepción tan grande como una oportunidad para aprender algunas cosas, por ejemplo:

  • Ampliar tu capacidad de resiliencia, es decir de rehacerte después de un “golpe”.
  • Hacer un ejercicio de humildad muy terapéutico: ¿qué podía haber hecho yo diferente para no tener este final? (para no volver a cometer los mismos errores).
    • Adecuar el objetivo. Valorar más objetivamente mis posibilidades.
    • Adecuar el entreno.
    • Revisar a fondo la bici.
    • Estudiar/cumplir la normativa.
    • Hidratarme/alimentarme mejor.
    • Gestionar bien la ansiedad.
  • Ser objetivos. Seguro que no todo ha sido un desastre. Siempre hay una parte positiva. De hecho aunque el abandono sea antes de empezar, (porque queda un minuto para la salida y te has dejado el dorsal en el hotel que está a 30 minutos o has pinchado y no tienes recambio), seguro que puedes reconocer que llegar al día de la prueba, sin lesiones y con los entrenos hechos ya es un triunfo en sí mismo. O puedes valorar que el tramo que has hecho ha sido satisfactorio, lo has hecho bien o incluso muy bien. Es decir, no pensar en términos de blanco o negro, ha sido un desastre y hubiera sido perfecto. Ni una cosa ni otra. Desde luego, si hay una caída o una lesión será difícil verlo porque, no sólo hay la frustración de no conseguir el reto sino que además hay un problema físico añadido.
  • Prepararme psicológicamente para la prueba. Si lo que ha fallado ha sido a nivel mental, como sería un ataque de ansiedad o un momento de dejarse llevar por los pensamientos negativos tipo: ”no puedo más, lo dejo” y luego se valora que se podría haber seguido y no abandonar, es aconsejable valorar la posibilidad de un coaching deportivo que ayudará a gestionar esta parte fundamental en el deporte que es la mental.