El pasado fin de semana se celebraba la Maratón de Florencia y con ella, otra de esas historias que nos hacen admirar el deporte, la historia de Abdi Ali Gelelchu, ganador del Maratón de Florencia 2018. Nos la cuenta en primera persona Filippo Galantini, entrenador de atletismo y miembro de la organización de la prueba italiana. Un ganador de la 35 edición de la prueba completamente inesperado y que el día anterior no tenía ni zapatillas para correr. Así lo cuenta Galantini:

“El viernes suena la alarma a las 5:30, tengo que ir a recoger a dos atletas etíopes al aeropuerto romano de Fiumicino. En unas 3 horas llego a Roma, y recojo a Abdi Ali y Ayele. Abdi Ali habla discretamente inglés e intercambiamos algunas palabras como podemos (cosa rara con los corredores top, normalmente de naturaleza muy reservada con nosotros). Se sientan en el asiento de atrás y sacan algo de sus mochilas para comer. Me preguntan con mucha educación si quiero probar su comida y me llega un olor a pan y especias muy familiar a bocadillo.

Mientras tanto, me pregunto si será esa comida el secreto de su éxito deportivo y conduzco hacia Florencia sin apenas tráfico. Pero cuando voy a dejar a Abdi Ali en su hotel, se me acerca y me pregunta si conozco alguna tienda de zapatillas, porque no se ha traído las suyas. Increíble que un atleta de tan alto nivel pueda estrenar zapatillas dos días antes de una carrera como un maratón. El caso es que le explicó cómo llegar a una tienda especializada y hablo con su encargado para que le reciba al llegar tanto a él como a un compañero suyo. Abdi no lleva euros encima, pero insiste en pagarle al dueño de la tienda dándole 100 dólares por las zapatillas.

La mañana de la carrera, le saludo. En la salida no transmite nerviosismo como sí lo hace el resto. No se coloca en primera fila, pero parece saber lo que hace. Abdi Ali ganó la 35 edición de la maratón de Florencia con 2 horas y 11 minutos y 32 segundos en su debut en maratón, y no podía estar más feliz.”

Abdi Ali

Foto: Facebook // Firenze Marathon

Otra historia de esas que demuestra la humildad de estos corredores, que no le dan tanta importancia a la equipación ni a muchas otras cosas para las que al resto de los mortales son vitales. Aunque no es lo mejor estrenar zapatillas, es una prueba más de que no es la flecha, es el indio siempre.