La muerte súbita del deportista es la que ocurre de forma brusca e inesperada, por causa natural, no traumática ni violenta y cuyos síntomas aparecen durante la práctica deportiva o en la hora siguiente.

El deportista, por su extraordinaria capacidad de esfuerzo físico y vitalidad, representa para la sociedad el paradigma de máxima salud y calidad de vida. Por este motivo, a todos nos cuesta comprender cómo un individuo en pleno rendimiento deportivo puede fallecer sin más.

La muerte súbita del deportista es uno de los problemas que más preocupan al colectivo médico que trabaja con deportistas que va más allá del drama que supone el fallecimiento de un paciente. La primera pregunta que surge en el entorno del fallecido, la opinión pública y el colectivo sanitario es si la tragedia podría haberse evitado con una intervención previa y el médico acostumbra a ser el primero al que se señala como el responsable por no haber detectado a tiempo la patología fatal, y esto lo lleva a cuestionarse su propia validez como profesional, cuando en la mayoría de fallecimientos, éste no ha tenido ninguna responsabilidad.

La opinión pública no debería señalar, acusar o juzgar al médico. Para esto está el sistema legal que es quién debe determinar si el profesional tiene alguna responsabilidad en lo ocurrido, basándose en hechos y pruebas objetivas. La presunción de inocencia dictamina que uno es inocente hasta que se demuestre lo contrario y el médico no debe ser tratado de forma diferente. En casi la totalidad de los casos, los afectados y el médico que los reconoció desconocían que eran portadores de enfermedades potencialmente letales, incluso después de haber sido sometidos a los controles médicos recomendados. En otros casos, no se había realizado ningún reconocimiento médico-deportivo pero, recordemos que la responsabilidad de que ésta se realice recae única y exclusivamente en el atleta.

Foto: María Puig

Foto: María Puig

EPIDEMIOLOGÍA

El deporte incrementa el riesgo de sufrir una muerte súbita durante la realización de la actividad física. La incidencia de muerte súbita en deportistas es de 1,6 casos por 100.000 habitantes y año mientras que en no deportistas es de 0,75 casos por 100.000. No obstante, el deporte no es la causa del fallecimiento. Todos los fallecidos tienen enfermedades potencialmente letales pero silenciosas y el deporte es el factor que desencadena la muerte.

La edad condiciona la frecuencia de muerte súbita. En atletas menores de 35 años, la frecuencia es de 1 caso por 200.000 habitantes y año mientras que en los deportistas mayores de 35 años, el riesgo se estima en 1 caso por 18.000 habitantes y año. Es mucho más frecuente en varones, en una proporción 10:1.

En España, el deporte más practicado en el momento del episodio mortal es el fútbol, seguido, en orden de frecuencia, por el ciclismo y el atletismo, porque estas son las disciplinas que concentran mayor número de deportistas que las practican. La muerte súbita no está relacionada con el tipo de deporte en si sino con la presencia de una enfermedad. Ningún deporte mata en ausencia de una patología aunque ésta no llegue a descubrirse hasta el fallecimiento.

CAUSAS

En más del 75% de los casos, las enfermedades causantes son cardiacas. El tipo de cardiopatía guarda relación con la edad:

Atletas mayores de 35 años

Cardiopatía isquémica (Enfermedad coronaria ateromatosa): Es una enfermedad adquirida debida a la obstrucción de las arterias que irrigan el corazón por ateroesclerosis. El infarto agudo de miocardio, es la causa más frecuente de muerte, tanto súbita como de otros tipos, en la población general, deportista o no, mayor de 35 años. La detección de la enfermedad coronaria puede realizarse mediante una prueba de esfuerzo.

En atletas menores de 35 años

Miocardiopatías: Son cardiopatías congénitas. Las más relacionadas con la muerte súbita del deportista en orden de frecuencia son La Displasia arritmogénica del ventrículo derecho y la Miocardiopatía hipertrófica. Estas cardiopatías pueden detectarse en vida mediante un ecocardiograma.

En el grupo de edad menor de 35 años, lo más habitual es no encontrar ninguna causa en la autopsia. Cuando la autopsia es normal, se asume que la muerte ha sido causada por una arritmia cardiaca en individuos con un corazón “normal” pero con predisposición a las arritmias por anomalías genéticas de las células del corazón. Mencionaremos El síndrome de Brugada y El Sindrome del QT largo, ambos pueden detectarse en vida mediante electrocardiograma.

Causas no cardiacas

Constituyen menos del 15%. Se han descrito muertes por hemorragia cerebral debida a la rotura de un aneurisma, anomalía congénita de un vaso sanguíneo del cerebro. El conocido Golpe de calor, que se produce cuando se practica deporte a temperaturas extremadamente altas sin una buena hidratación, es una hipertermia que causa edema cerebral (Hit stroke), coma y puede producir el fallecimiento en casos extremos.

Prevención de la muerte súbita del deportista y reconocimiento médico

La prevención de la muerte súbita debe asentarse en tres pilares fundamentales:

  • Reconocimiento médico del atleta.
  • Dispositivos sanitarios de asistencia al deportista en las competiciones y centros deportivos: Disponer de desfibriladores e instaurar los mecanismos necesarios para una resucitación cardiopulmonar inmediata con personal instruido.
  • Formación continua de los profesionales de la salud que trabajan con deportistas: Para esto es necesario un estudio exhaustivo de todos los casos, de las circunstancias previas y durante el fallecimiento y realizar la autopsia. Con estos datos se elaboran los registros nacionales de muerte súbita que no solo sirven para registrar los eventos, sino también para que los profesionales aprendan y puedan mejorar su papel para prevenirla.

El principal objetivo del reconocimiento cardiológico debe ser detectar de forma precoz las enfermedades que constituyen un riesgo de muerte súbita. No existe una ley que obligue a realizar un reconocimiento médico a todo deportista ni en qué exploraciones debe consistir. Tanto la obligatoriedad como el contenido de este reconocimiento son temas controvertidos. En medicina, a la hora de establecer protocolos de prevención para individuos aparentemente sanos, se valora el coste/beneficio de dichas medidas y, por desgracia, priman los motivos económicos.

El modelo de reconocimiento más básico basado en criterios puramente económicos es el norteamericano. Recomienda un reconocimiento basado solamente en una historia clínica y en un examen físico, sin exploraciones adicionales. Esto es de escasa o nula utilidad para detectar cardiopatías potencialmente letales porque la mayoría de fallecidos no tienen síntomas previos a la muerte ni antecedentes familiares.

Foto: María Puig

Foto: María Puig

En el otro extremo se encuentra el modelo de reconocimiento italiano que añade un electrocardiograma, ecocardiograma y una prueba de esfuerzo. Este sería el reconocimiento idóneo dado que tanto las cardiopatías congénitas causantes de muerte súbita en menores de 35 años como la enfermedad coronaria se detectan mediante ecocardiograma las primeras y prueba de esfuerzo la segunda.

Según dicho modelo, la recomendación sería hacer un reconocimiento médico completo que incluya:

Para todos los atletas, independientemente de la edad:

  • Visita médica.
  • Electrocardiograma.
  • Ecocardiograma.

Si el deportista es mayor de 35 años, hay que añadir prueba de esfuerzo para descartar enfermedad coronaria.

Si el deportista es menor de 35 años, la prueba de esfuerzo puede realizarse para evaluar el rendimiento del atleta pero no sería necesaria para detectar enfermedad coronaria dado que a esta edad, la frecuencia de esta enfermedad es muy baja.

Hemos mencionado la hemorragia cerebral por rotura de un aneurisma como una causa muy infrecuente. Las exploraciones que permiten detectar aneurismas son el Angio-TAC y la Angio-Resonancia magnética cerebral. Dado que estas pruebas tienen un coste económico muy elevado y no son inocuas, no se realizan en los reconocimientos rutinarios a no ser que existan antecedentes familiares o síntomas que hagan sospechar su presencia.

Los reconocimientos no están protocolizados ni se realizan de forma rutinaria en la sanidad pública. En un escenario de escasez de recursos económicos, éstos se optimizan y la prioridad no son los reconocimientos médicos para deportistas.

Foto: María Puig

Foto: María Puig

Mi recomendación es acudir a una mutua privada. Si no eres mutualista te costará dinero pero el precio de una revisión completa con ecocardiograma y prueba de esfuerzo es ridículo comparado con lo que nos gastamos en material deportivo y competiciones. En el mundo del triatlón de larga distancia, tan dominado por el “postureo”, donde se valora tanto el ir equipado con la indumentaria y la bicicleta más caras del mercado y el precio de las competiciones es astronómico, es irónico saltarse el reconocimiento médico escudándose en el coste que supone. Otras excusas habituales son la “pereza” o la “falta de tiempo”, también muy irónicas, no hay pereza y tenemos tiempo para salir a pedalear un domingo de invierno a las 7 de la mañana hasta la hora de comer pero en cambio, no podemos invertir ni media tarde de nuestro tiempo para ir al médico. No hay excusas válidas. Ahorrar, ya sea dinero, tiempo y/o energía, en salud puede resultar muy caro

Otras medidas de prevención de la muerte súbita

  • Controlar las sustancias que pueda consumir el deportista (medicación, suplementos, dopaje y drogas).
  • Evitar en lo posible las condiciones ambientales de riesgo, como las temperaturas extremas, en cuyo caso hay que hidratarse y refrescarse la piel con agua fría para prevenir el golpe de calor o Hit Stroke.