En la natación ya sabemos que la técnica es fundamental. Pero claro, no sólo debemos pensar en nuestra posición de las manos o de los antebrazos, del codo alto, y tampoco todo es tener un batido de pies perfecto. Hay un elemento que en algunos nadadores se convierte en fundamental: la cabeza.

Siempre hemos leído que una posición extendida del cuello en la que podemos estar nadando mirando un poco al frente es perjudicial. Al llevar la cabeza un poco elevada nuestra resistencia al agua se hace mayor y el avance es más complicado. Además esto funciona como los balancines de los parques de los niños, es decir, cuanto más elevada tengas la cabeza, cuanto más extensión tengas del cuello, más bajas tendrás las caderas y los pies. Nuestra posición se hace más vertical y eso hace que estemos arrastrando demasiada agua al avanzar.

¿Pero eso es así siempre?

Debemos entender que al igual que en corredores nos encontramos algunos atletas con técnicas de carrera que están muy alejadas de las “de libro”, en natación pasa exactamente igual.

A veces teniendo una buena batida de pies, con una buena alineación o simplemente con una buena suma de los dos conseguimos tener una menor resistencia hidrodinámica para nuestro desplazamiento en el nado, y no por eso tenemos que estar nadando con la cabeza totalmente sumergida en el agua y sin mirar al frente.

Ha llegado a mis manos esta diapositiva en la que se expone un ejemplo con el nadador Nathan Adrian en la que podemos ver como la posición de la cabeza hace una extensión de las primeras vértebras (ver la diapositiva cuatro). No es una posición neutra donde la mirada es hacia el fondo de la piscina, sino que su cabeza está elevada en su ciclo de brazada.

Elite Next Level

Foto: Formaciones En-Forma | Mario Cañizares

Es por eso por lo que decimos que lo realmente importante puede que no sea el gesto cien por cien técnico, repito, “de libro”, sino más bien la suma de propulsiones más optimas que te ayuden a avanzar con el mínimo esfuerzo y con la mayor velocidad.

A veces podemos leer que la cabeza no puede ir con las vértebras del cuello en extensión, y sin embargo Nathan es capaz de mantener la cabeza justo por debajo de la capa límite del agua, sin romperla, logrando que esta tenga como vías de escape 4 direcciones (por encima de la cabeza, a cada uno de los lados y por debajo), con lo que se reduce a priori algo de fluido turbulento y R de oleaje a su avance y a su vez tiene una extensión cervical.

No debemos olvidar que por mucho que queramos nadar sumergidos en el agua, nuestra resistencia R de oleaje no podemos considerarla mínima hasta más allá de los 60cm de profundidad.

CONCLUSIÓN

La cabeza no debe por qué ir con la mirada totalmente perpendicular al suelo. Nuestra cabeza puede hacer una extensión de cuello siempre que nuestra capa límite por encima de la cabeza no se rompa, y aguante el mayor tiempo posible bajo esa pequeña capa de agua en cada ciclo de brazada.

Es mucho más importante que nuestra propulsión haga que nuestro cuerpo se encuentre lo más horizontal posible, sin oscilaciones verticales, y que además se evitan las oscilaciones laterales.

Además debemos tener en cuenta que los cambios de velocidad dentro de un mismo ciclo tampoco nos favorecen debido a las aceleraciones que se generan, tanto positivas como negativas.

Agradecer Mario Cañizares sus aportaciones al mundo de la natación.

Sobre el autor de este artículo

JuanP Vázquez entrenador de triatlónEntrenador Nacional de TriatlónEspecialista en Larga Distancia y Rendimiento, Oficial de Triatlón (Juez), Biomecánico y Readaptador Deportivo. ¿Necesitas un entrenador? Estaré encantado de explicarte cómo trabajo y así unirte a mi grupo de entrenamiento.
JuanP Vázquez Entrenador de triatlón