A tenor de los acontecimientos, quien el próximo 23 de Julio alce los brazos en el podio de París con el Arco del Triunfo de fondo y se proclame ganador de la 104 edición, lo hará por eliminación. Como en una especie de Juegos del hambre ciclistas uno a uno la ronda gala va devorando favoritos como no había hecho en muchas ediciones. Lo de este año hay no tiene calificativo. El primer día, en un prólogo de apenas 14 kilómetros que debía hacer las veces de fiesta de bienvenida a los ciclistas, nos quedamos sin dos españoles de los trece que habían dado la salida: Ion Izagirre, que estaba llamado a ser el jefe de filas de Bahrain Merida, y un Alejandro Valverde de quien, pese a los días previos haberse cansado de repetir que su labor en este Tour era la de ayudar a Nairo Quintana, todos albergábamos ilusiones de verle haciendo algo grande.

En la quinta etapa, cuatro días, después, Peter Sagan y Mark Cavendish se despedían del Tour mucho antes de lo esperado. El dos veces Campeón del Mundo veía como los jueces le expulsaban por meter el codo en el sprint al británico. Pese a terminar cruzando la meta, finalemente el jefe de filas del Team Dimension Data también decía adiós a la prueba con fractura del hombro. Nos quedábamos así sin dos de los principales especialistas al sprint. A las primeras de cambio, cuando apenas habían comenzado los ataques y no había llegado ni la primera etapa en alto, cuatro de los ciclistas que más podían aportar se habían marchado para casa.

Pero por desgracia la cosa no ha quedado así. Hoy domingo, día marcado en rojo para los escaladores y los favoritos, hemos visto como cuatro deportistas de calibre también han tenido que despedirse del Tour: Geraint Thomas, fiel gregario de Chris Froome, ha tenido que abandonar tras la terrible caída que ha sufrido en el descenso del Col de la Biche, la primera de las cotas de fuera de categoría de la jornada. Clavícula rota para el británico.


Pero no solo él ha dicho adiós. Robert Gesink, que ayer hiciese segundo en la meta de Station des Rousses, se ha ido también al suelo fracturándose una vértebra -la L1- que le mantendrá varias semanas en el dique seco. En el último puerto nos esperaba el golpe final: en la bajada de Mont de Chat Richie Porte se iba al suelo en un terrible accidente, arrastraba a Dani Martin, y decía adiós a sus opciones de desbancar del maillot amarillo al británico Chris Froome. Los primeros informes médicos descartan lesiones graves, aunque el australiano presenta un gran hematoma. Sin él, y con Nairo y Contador descolgados en la clasificación, el Tour de Francia parece cosa de tres: el propio Froome, el italiano Fabio Aru y la gran esperanza gala, Romain Bardet.

Y si con todos estos abandonos no tuviéramos suficiente, hemos tenido que asistir a la llegada fuera de control de Arnaud Demare, ganador de la quinta etapa y hasta hoy maillot verde de la combatividad, lo que supone que el martes -mañana hay día de descanso- no pueda tomar la salida. El francés había pasado muy mala noche del viernes al sábado, en una habitación de hotel sin aire acondicionado, y ayer y hoy se ha ido arrastrando kilómetro a kilómetro. Para más inri, con él se van para casa tres compañeros de equipo que se habían quedado junto a él.

Nos queda así una lucha por el maillot de la combatividad completamente descafeinada, casi en bandeja para Marcel Kittel.

Esperemos que de aquí en adelante no tengamos que lamentar más caídas, abandonos y expulsiones, pero quedando como quedan dos semanas por delante… No tenemos todas con nosotros de que así sea.

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