El recital que dieron el viernes Alberto Contador y Mikel Landa camino de Foix ha tenido un doble efecto sobre la alicaída moral de los seguidores españoles, que a las primeras de cambio nos quedábamos sin Alejandro Valverde y unos días después tuvimos que ver cómo el propio Contador perdía sus opciones de luchar por la clasificación general. Hasta este viernes el Tour era para nosotros algo que ver desde la distancia, con la nostalgia de aquel que querría que sus colores fueran los del maillot tricolor de Aru, el blanco de Froome, incluso ese horroroso de Romain Bardet.

Pero entonces Alberto Contador lanzó su ataque, le siguió Mikel Landa… Y el cuento cambió.

Por un lado hemos vuelto a recuperar las esperanzas en el de Pinto. Viene en el ADN patrio: el domingo pasado, cuando en la subida a Mont du Chat el líder de Trek no puede seguir la estela del resto de favoritos, las redes sociales le pusieron a los pies de los caballos -está acabado, el Tour le queda grande, tiene razón Tinkoff…-. En este país tenemos poquísima memoria -y bastante poco respeto. Afortunadamente un maravilloso ataque de los suyos, a setenta kilómetros de meta, recordó a muchos que él siempre va a estar ahí. O mejor dicho: él recuerda a todos los que le critican que allá donde vaya, va a intentarlo. Nadie marca su territorio como Contador.

Por otro lado, Mikel Landa ha encendido una vela de esperanza en el ciclismo patrio. Criticamos a los franceses por ser chauvinistas, pero fieles a nuestra costumbre deportiva, nosotros nunca nos quedamos atrás. Las declaraciones del propio Landa en Diario As al acabar la etapa de Foix –tengo piernas para ser líder, pero no galones– solo han hecho que encender una llama que muchos ahora quieren enarbolar: Froome está acabado y Landa debería ser el jefe de filas de Sky. En las redes, básicamente en twitter, han aparecido como setas esos forofos de domingo y sofá que braman:

Tres al azar buscando “Landa líder” en la red social del pajarito que sirven de muestra para ver lo egoístas que son -somos- los aficionados españoles. Mikel Landa tenía un rol en el equipo hace dos semanas que sigue teniendo a fecha de hoy, igual que lo tenía Geraint Thomas estando de amarillo antes de irse al suelo: defender los intereses de Chris Froome, que es el jefe y se lo ha ganado a sangre las últimas temporadas. Tiene tres Tours -que Landa no tiene- y hoy por hoy, con todos los respetos por Aru y Bardet, con una contrarreloj pendiente sigue siendo el máximo favorito para hacerse con la victoria en París. Por mucho que nos ilusione Mikel Landa soltando a su jefe de filas en las últimas rampas de Peyragudes, por mucho que nos guste verle a apenas un minuto del liderato de la clasificación general, tiene un rol claro que asumió cuando fichó por el equipo británico, que -no se nos olvide- sigue siendo quien le paga religiosamente una cuantiosa nómina por ser apoyo para Froome.

Nos guste o no, Mikel Landa es un gregario de lujo al le queda mucho, muchísimo, para ser jefe de filas. En primer lugar aprender a ser ciclista de equipo. Ya demostró en Astana que lo de las órdenes de equipo no iban con él, y hace unos días, en el final de Peyragudes se llevó una buena bronca en el mismo sentido. Injustificable, el vasco reconoció que pensó en la victoria olvidándose por completo de su jefe de filas: “Los últimos 200 metros se convirtieron en un sprint en el que, más que perder tiempo, se jugó la victoria y no se me ocurrió mirar atrás. Intenté lanzar a Chris, no le vi luego y le faltó un pelín. De haberse apostado por disputar yo la jornada, me habría metido más arriba. No sé si para ganar, pero seguro que un candidato a ganar”.

Se habla de que ha firmado por Movistar para 2018, un equipo que cuenta con Nairo Quintana como líder claro y con un Alejandro Valverde al que le queda cuerda para rato. Si lo que quiere es ganar una grande… Quizás ha escogido el camino con el mayor desnivel posible para lograrlo.

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