No nos engañemos, todos hemos sido globeros alguna vez en la vida cuando empezábamos a practicar un deporte algo más en serio. El término “globero” es una palabra que siempre genera risas cuando lo escucha por primera vez alguien que no está metido en ambientes deportivos. Siempre te preguntan, “perdona, ¿has dicho globero?”. Y ya tienes que explicar qué has querido decir. Yo ceo que oí por primera hablar de globero hace más de veinte años ya, cuando el boom de las carreras populares empezaba a tomar cuerpo en España.

Pero realmente, ¿qué es un globero? La web nos dice que es un adjetivo, a veces despectivo, que sirve para identificar a los aficionados ocasionales. La verdad es que nadie sabe exactamente el origen del término, así que si alguno de nuestros lectores nos aporta algo de luz, se lo agradecemos. Un día, coincidiendo con un grupo ciclista, me explicaron que como ya sabía, los ciclistas de verdad – o sea, ellos-, van siempre muy ajustaditos de lycra y el aficionadillo que empieza o que no le dedica mucho tiempo a la bici, pues se pone un chandal o lo que pilla, el cual se infla con el viento, de ahí lo de globero. Otros dicen que el término globero era utilizado por los ciclistas de carretera para referirse a un ciclista de montaña por aquello de ruedas gordas = globos.

Bueno, sea cual sea su origen, todos sabemos qué queremos decir cuando hablamos de globero. Y ahora, 5 pruebas que delatan que uno es un globero y que seguro que alguno hemos vivida alguna que otra vez, aunque fuera en nuestros inicios en este deporte.

1. ¡S.O.S. QUE ME AHOGO!

La primera vez que sales en el agua de un triatlón, las sensaciones son cuanto menos curiosas. Esas salidas en tandas de cien en cien cada 3 minutos, imponen. Todos hemos hecho unos entrenamientos inmaculados en piscina, con agua cristalina, corcheras delimitando las calles, no se te ocurriría jamás pasar por encima del nadador que tienes delante o darle una patada, ¿verdad? Sin embargo, en un triatlón de verdad todo cambia. El agobio de verte en el agua rodeado de cientos de personas hace que las pulsaciones se disparen si no te tomas la salida acorde con tus posibilidades en este medio. Siempre hay alguno que se siente Michael Phelphs en el pantalán y claro, las sensaciones no duran más de 50 metros… agobio, falta de oxígeno, hay que levantar la mano y que venga la zodiac!!! No pasa nada, en el próximo triatlón la lección ya está aprendida.


2.  ¡¡NO ENCUENTRO MI BICI!!

Otro de los consejos que nos puede dar un buen amigo triatleta es que cuando dejemos la bici en el box busquemos siempre puntos de referencia visuales. Cuando salimos del agua, es muy típico que veamos tal cantidad de bicis colgadas que ni sepamos por dónde empezar a buscar la nuestra. No olvidemos que está prohibido pasar por debajo de las barras donde se cuelgan las bicis. Por tanto, si te equivocas de fila, tendrás que retroceder hasta llegar a la fila correspondiente. Memoriza siempre en qué hilera tienes que meterte conforme sales del agua o tendrás un problema.

Hay dos formas de ver este punto, ambas muy optimistas: 1ª) Si has salido del agua y hay tal cantidad de bicis colgadas que ni puedes ver la tuya, eso es muy buen síntoma de que has hecho una muy buena natación. 2ª) Si cuando sales del agua no quedan más que 3 ó 4 bicis, tu natación ha sido pésima, pero la bici la encuentras a la primera.

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3.  SUBIDA Y BAJADA DE LA BICI CON GOMAS

Ésta es una de las muestras más típicas de globero. Mi consejo es: si no las llevas bien preparadas, no las hagas en plan pro porque las posibilidades de tortazo son muchas, pero sobre todo, que no ganas nada de tiempo y mucho de incertidumbre de saber si saldrá todo bien o no. Ensáyalas bien en casa y cuando te veas algo seguro, entonces, zapatillas en las calas con las gomas puestas. Todos hemos estado viendo pruebas y éste punto es siempre conflictivo, sobre todo la bajada de la bici. La subida puede que nos cueste más hasta que consigamos meter los pies en las zapas (a no ser que te toque un giro de 90 grados a 20 metros y una subida), no pasa nada por tardar un poco más en calzarte.  El problema es la bajada, que cuando sale mal suele salir muy mal y terminar en caída. Aguanta el tirón, te levantas dignamente y a correr!!

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4. SALIR A CORRER CON EL CASCO PUESTO

Cuando no tenemos mucha experiencia en competiciones, es muy típico que las transiciones sean un mundo al principio. Sales del agua como buenamente puedes, te pones todo el atrezzo necesario para subirte a la bici. Ya es un logro que no se te haya olvidado nada, y luego llega la T2, que la tienes que llevar bien memorizada para que no te caiga ninguna falta del juez. Cada triatleta tiene unas costumbres, unos se quitan el casco nada más llegar al box y siguen su rutina de zapas, dorsal hacia delante y a correr!!! Otros, que lo tienen menos interiorizado, empiezan a no saber muy bien qué hacer con todo el material. Y ante la duda, salen a correr con el casco tan ricamente puesto… el caso es que notas algo raro en la cabeza, pero no consigues saber muy bien qué es hasta que el juez te vuelve a mandar al box a que te lo quites. No pasa nada, la próxima vez será lo primero que te quites antes de salir a correr.

5. LLEGAR A META.. Y YA CASI NO HAY META

Bueno, las primeras pruebas son para disfrutar, para tomar el pulso a lo que realmente es un triatlón en modo “competitivo”. Es decir, hemos entrenado en piscinas sin oleaje, la bici la hemos entrenado saliendo con nuestros grupos de amigos que te dejan ir a rueda tranquilamente y la carrera siempre a nuestro aire. Aunque llegues el último, nunca hay que perder la motivación ni las ganas de hacerlo mejor en tu próxima prueba.

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Todos somos globeros en la medida en que no somos profesionales del deporte, sino que lo practicamos porque nos gusta y nos divierte preparar pruebas.  Es cierto que es fácil salir de la condición de globero incondicional entrenando un poco.

Cuéntanos alguna anécdota de tus primeros triatlones, seguro que nos ha pasado a muchos de nosotros y siempre es bueno reírse de uno mismo.