La electricidad y el metal no combinan muy bien. O al revés, combinan divinamente. Esto lo pudo comprobar el pasado sábado Paul, un ciclista británico al que en un descuido su bicicleta se le enganchó en una alambrada eléctrica de las que se usan en el campo para evitar que los animales se escapen.

Según se ve en el vídeo, el pobre se las vio y se las deseó para lograr recuperar su bicicleta, para mayor cachondeo de sus compañeros de salida.