No ha pasado desapercibido para nadie el rendimiento que las mujeres están consiguiendo en pruebas de ultrarresistencia. El pasado mes de enero, Jasmin Paris se convertía en la primera persona en completar las 268 millas, o lo que es lo mismo, los 430 kilómetros de uno de los ultramaratones más duros del planetaThe Spine Race, con 13.000 metros de desnivel positivos. Y lo hacía, además, rebajando el récord de la prueba en más de 12 horas. En 2018, nueve mujeres participaban por primera vez en el Barkley Marathon, el ultra más duro del mundo. Y como Jasmin Paris, otras tantas deportistas que no solo sobresalen en atletismo, sino también en ciclismo y natación. Lael Wilcow ha destacado en pruebas como la Trans Am Bike Race, una prueba ciclista que cruza los Estados Unidos de Costa a Costa. Para los amantes de la natación, seguro que a todos les suena el nombre de Sarah Thomas, que posee el récord nadando de distancia en mar abierto y sin ayuda tras completar 186,3 kilómetros. Y no hay que irse muy lejos de España para destacar a nadadoras como Tita Llorens, que el pasado mes de julio cruzó a nado los 100 kilómetros desde Jávea hasta Ibiza sin neopreno y tras 26 horas y media nadando. En el último Campeonato del Mundo de Ironman, la suiza Daniela Ryf fue más rápida que Lange, Gómez Noya y Starykowitz en los últimos 70 kms de bici antes de proclamarse por cuarta vez consecutiva Campeona del Mundo.

Daniela Ryf

Foto: Ironman

Los logros que las mujeres están consiguiendo en algunas competiciones de larga distancia empiezan a ser algo normal y cada día menos extraño para todos. Pero, ¿hay alguna base científica que explique por qué las mujeres están consiguiendo estos resultados? Un estudio realizado por el estadístico y corredor danés Jens Jakob Andersen con datos recogidos sobre  1.815.091 hombres y mujeres de todas las edades en 131 maratones a lo largo de 5 años (de 2008 a 2014) puede arrojar algo de luz sobre este tema.

¿Y qué llevó a este corredor a meterse a hacer el mayor estudio jamás realizado sobre maratón? Pues fue viendo a unos amigos correr Ironman Copenhagen. Eran grandes atletas, pero aun así, se las veían y deseaban en la última parte del maratón. Andersen se preguntó, ¿por qué sufren tanto?  ¿cómo es posible que sufran tanto y bajen de forma tan acusada el ritmo? El danés no podía entender cómo la gente era capaz de pasarse 6 meses entrenando como animales y no pudieran dedicarle 5 minutos para analizar bien a qué ritmo debían empezar.

Las mujeres, un 18,6% más eficientes que los hombres

Quizás el resultado que más ha llamado la atención en el estudio del danés es que las mujeres maratonianas son un 18,6% más eficientes que los hombres. Aunque los tiempos conseguidos por mujeres fueron un 7% de media más lentos que los de los hombres, las mujeres hacen de lejos una carrera más inteligente, con mejores parciales en la segunda que en la primera mitad de su carrera. Los hombres, por contra, tienden a salir más rápido, y a encontrarse con «el muro» en algún punto de la segunda media, y a bajar drásticamente la velocidad en maratón, es decir, lo que viene siendo lo que todos conocemos por «petada».

También son interesantes los resultados referidos a las edades. Los hombres alcanzan su pico de velocidad a los 38 años, mientras que las mujeres es a los 24 años. Sin embargo, el rango óptimo en ambos sexos está entre los 35 y 45 años, es decir, que se está alargando hasta la madurez. La participación en maratones está creciendo claramente en todos los grupos de edad tanto masculinos como femeninos, pero el segmento que más está creciendo es el de las mujeres mayores de 50 años, cuya participación aumenta casi un 90% en los últimos cinco años.

Desde el año 1992, cuando la mujer empezó a estar muy presente en pruebas de maratón en Estados Unidos y Reino Unido, se llegó a vaticinar que las mujeres alcanzarían el ritmo de los hombres en poco tiempo. Algo que por ahora no ha sido posible conseguir y que sigue estando lejos por ahora, con una diferencia entre el récord masculino y el femenino de casi 14 minutos (un 10% aprox). Eliud Kipchoge corrió en Berlín el pasado mes de septiembre en 2:01:39 y la plusmarca femenina sigue en manos de la británica Paula Radcliffe desde el 13 de abril de 2003, donde corriera en 2:15:25. Este año Mary Keitany corrió en Londres marcando el segundo mejor tiempo de la historia del maratón femenino, 2:17:01. Keitany salió a fuego desde el principio marcando un primer parcial en el kilómetro 10 de 31:17, mucho más rápida que Paula Radcliffe en 2003. Radcliffe por aquel kilómetro iba en 32:01. Su paso por el medio maratón fue en 1h06:53, por debajo del récord del mundo (1h08:02), pero no tenía liebres más allá del km 21, y su ritmo se fue ralentizando de cara al final de la prueba. Es decir, aunque las mujeres suelen hacer una carrera más inteligente y estratégica que los hombres, quizá se necesitan más kilómetros -como ocurre en los ultras- para que estas ventajas sean decisivas en carrera.

Foto: AFP Photo // Adrian Dennis

La estrategia en maratón

El estudio de Jens Jakob Andersen quiso observar también cómo corrían los corredores de élite africanos. Es obvio que su estrategia es la de mantener un ritmo lo más uniforme posible durante la prueba. Es habitual que los diez mejores corredores en un maratón corran la segunda media del maratón a un ritmo de +/- 0,1% comparado con la primera. Tenemos mucho que aprender de ellos. Pero, ¿cómo podemos mejorar nuestra estrategia en maratón? Pues básicamente de dos formas:

  • En nuestro entrenamiento diario, corriendo al ritmo que tengamos planificado correr el día de la prueba. De esta forma, sabremos cómo reacciona nuestro cuerpo cuando le sometemos a un ritmo específico.
  • El día de la carrera hay que tomárselo con calma hasta encontrar ese ritmo que nos parece natural. Es mejor olvidarse del resto de corredores y bajar nuestro nivel de competitividad, porque estos factores seguro que nos acaban haciendo ir más rápido de lo que realmente somos capaces de correr. En caso de sentirnos agotados, es mejor bajar velocidad que empeñarnos en seguir un ritmo poco realista cuando todavía quedan muchos kilómetros por delante.