Ya hemos hablado en alguna ocasión de que establecer pequeños objetivos en nuestro plan de entrenamiento, o incluso en nuestras rutinas diarias, podían ayudarnos a mejorar como triatletas. Tiene su lógica: si nuestro objetivo de temporada es a seis meses vista, queda mucho camino por recorrer y probablemente vayan a aparecer a lo largo del camino imprevistos con los que no contábamos: lesiones, periodos de baja forma física, momentos de alto estrés laboral… Y claro, mantenerse focalizado en la prueba, cuesta. En el libro Atletas de hierro, de Don Fink, hay un capítulo muy interesante dedicado a este tema.

Sin embargo, si somos capaces de ir marcando pequeños objetivos a lo largo del camino, posiblemente los meses de espera hasta el gran día se nos hagan más llevaderos. Y lo más importante, podremos afrontar el camino con una mejor actitud, porque vemos que las cosas se van cumpliendo.

Por qué los pequeños triunfos funcionan

Un estudio de la Harvard Business School reveló en 2011, tras analizar más de doce mil entrevistas a trabajadores, que la motivación de los mismos y la vinculación emocional con el trabajo dependía principalmente de si ellos habían logrado algo el día en que fueron entrevistados.

Es decir: el simple hecho de ver progresos en el trabajo era lo que les invitaba a pensar que eran importantes.

En el estudio también se demostró que estos éxitos diarios no tenían por qué ser de gran importancia para el devenir de la compañía. De hecho, a menudo era el simple placer de completar un pequeño paso en un proyecto lo que proporcionaba la felicidad y la motivación.

Trasladando esta idea a nuestros entrenamientos, podríamos encontrar cinco trucos significativos para que los pequeños éxitos nos ayuden a ser mejores deportistas:

Siéntete feliz con lo que estás haciendo

Nosotros porque nos centramos en el triatlón, pero ésto es extrapolable a cualquier otro deporte: siempre hemos dicho que todo esto es un hobbie, que lo hacemos por gusto, por disfrutar y sentirnos mejor. Así que independientemente de la exigencia de un entrenamiento concreto -que los hay y muy duros- disfruta del hecho de estar haciéndolo. Porque lo haces porque quieres, recuerda. Disfruta de la siguiente serie, considera un éxito acabarla. Y ve a por la siguiente con una mentalidad positiva.

Foto: Flickr // Tots Som Sport

Foto: Flickr // Tots Som Sport

Cuando más lo practiques, más probable sea que continúes

La consistencia y la disciplina son muy duras de mantener. Lo hemos sufrido todos. Pero si cada vez que vas al gimnasio, o sales con la bicicleta, consigues ese poco más de motivación que se deriva del “sí, lo estoy haciendo”, te verás reforzado en lo que estás haciendo, ayudándote a facilitar que al día siguiente lo hagas de nuevo.

Sin tanta parrafada, es simplemente recordar aquello de que “si hacemos algo de manera continuada durante 21 días, se convierte en un hábito”.

Los pequeños pasos en nuestra preparación son totalmente factibles

Un gran problema en el establecimiento de objetivos es pasarnos de la raya al pensar qué podemos asumir. Yo os juro que tengo muchísimas ganas de lograr hacer un diez mil en 38′. Pero últimamente estoy corriendo en 45′. Si, estoy bajo de forma, no me miréis así. A la hora de plantearme llegar a ese sub’40, tengo que pensar primero en pequeños objetivos: quizás hacer un mil en menos de cuatro minutos, o conseguir hacer las series que me pone mi señor entrenador sin tener agujetas durante tres días…

Quiero decir con ésto que si nos ponemos objetivos accesibles por el camino, quizás podamos llegar a lograr un objetivo mayor a largo plazo, pero de cero a cien va a ser imposible que pasemos.

Foto: Flickr // Sands Beach Active Lanzarote

Foto: Flickr // Sands Beach Active Lanzarote

Las pequeñas victorias hacen que adquirir nuevos hábitos sea más sencillo

Decía hace un momento que coger una costumbre lleva 21 días. Si a lo largo de estas tres semanas vamos poniendo en valor lo logrado, sin duda va a ser más fácil lograrlo. Me explico: ir a nadar a las siete de la mañana cuesta. Cuesta y mucho. Pero si lo logramos, joder, alegrémonos. Contémoselo a todo el mundo. ¡Hoy he ido a nadar a las siete de la mañana! ¡Y mañana también pienso ir!

Esa actitud positiva, esa actitud de considerar el haberse levantado a las seis de la mañana para ir a nadar antes de currar un éxito, es mucho mejor que la típica de “joder, esta mañana he ido a nadar y estoy que no me tengo en pie, vaya pereza”. Y te va a ayudar mucho más, sin duda.

Foto: Flickr // Tots Som Sport

Foto: Flickr // Tots Som Sport

Los pequeños éxitos generan un magnífico entorno para las grandes victorias

Imagínate que vas a crossfit, ahora que está de moda. Imagina que el primer día que vas a hacer una sentadilla solo puedes poner diez kilos de peso. Miras a tu alrededor y ves a auténticos armarios empotrados jarreándose ciento cincuenta kilos como si nada, apretando el culo y la mandíbula y poco más. Y tú quieres levantar lo mismo que ellos, joder. Quieres verte ahí, con dos pesas a cada lado que parezcan ruedas de fórmula uno.

Pues es posible si cada vez que incrementas un kilo en las tuyas, te das cuenta de que ya lo estás consiguiendo. Que pasar de diez kilos a quince es un éxito, y que de quince a veinte otro, y que alcanzar los cincuenta es la releche. Y así, hasta que un día apareces en el gimnasio, te untas las manos de polvos de talco, agarras la barra… y te levantas los ciento cincuenta kilos, como un señor.