Si hay algo que hacemos los triatletas bien, es preocuparnos por nuestra alimentación. Vamos, que a veces somos insoportables con que si tengo que comer ésto o tengo que comer aquello. Priorizamos los buenos carbohidratos, como el arroz integral o la quinoa, utilizamos un elenco maravilloso de verduras… ¿Pero estamos tomando las proteínas correctas en nuestro día a día? Pues puede que no.

En primer lugar, subestimamos nuestras necesidades de proteínas.

Una persona de vida “normal”, tirando a sedentaria, de género masculino (con bigote o sin bigote, eso da igual), necesita unos sesenta gramos de proteínas al día. Un triatleta, necesitaría perfectamente el doble. Pero no sé exactamente por qué siempre tendemos a ingerir menos. Nos centramos en los carbohidratos, y nos olvidamos de que las proteínas son fundamentales para recuperar el músculo.

Nuestra recomendación: echar mano de cualquiera de las tablas que hay por internet y calcular exactamente qué necesidades proteicas tenemos, en función de nuestro consumo energético diario y constitución. Que luego cada triatleta somos un mundo.

En segundo lugar, tenemos la mala costumbre de tomar las proteínas que consumimos de unos pocos alimentos. Si nos dicen que necesitamos proteínas, somos de pensar poco, nos vamos a la proteína animal, y punto pelota: es más, tiramos de pollo, y poco más. ¡Y mira que hay un amplio abanico de posibilidades, eh! Y es que en cualquier pauta alimenticia la variedad es fundamental: seitán, leche de almendras, chía, algas… ¡La variedad de proteína vegetal es muy amplia!

Por último, tras el entrenamiento, hay que tomar proteínas.

Todos sabemos que necesitamos carbohidratos tras las sesiones de entrenamiento, pero la proteína también es fundamental. Las fibras se rompen, y es básico recuperarlas. Así que en los siguientes treinta minutos después de entrenar, hay que hacer una ingesta. Más tarde de esta ventana de media hora, la oportunidad de recuperar se pierde.


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