Lo de que los ciclistas son jornaleros de la gloria, que no recuerdo quién decía hace mucho tiempo en la radio mientras retransmitian a grito pelao los demarrajes de Pantani subiendo el Tourmalet, es una verdad como un templo.

Para subirse a una bicicleta y hacerte tus setenta kilómetros un sábado por la mañana, cuando podrías quedarte bajo las sábanas tranquilamente, hay que tenerlos bien grandes, a lo caballo de Espartero. Para que luego encima nos llueva, nos toquen las narices los conductores de coches, el suelo esté resbaladizo… Un drama.

Aquí las peores siete cosas que le pueden pasar a un ciclista:

Cuando te dicen eso de “Joder, macho, ni que fueras a ganar el Tour de Francia”

Aquí la opción educada es encoger los hombros, mediosonreir, y farfullar algo del tipo “nah, eso es para los profesionales, yo con rodar un poquito los fines de semana, me conformo”.

Pero a mí, cuando me sueltan alguna de este tipo, me quedo con ganas de desahogarme fino finilipo: Pues no, mira, pero ya he ganado hoy más que tú: yo me he ganado el desayuno. Tú de grasa bien, ¿no? Aquí se puede meter algún insulto que incluya a familiares directos, pero eso ya depende de lo valiente que seamos.

Que te hagan drafting cuando no está permitido

En los entrenamientos podría ser un “que chupen rueda y no te den relevo”. Pero la cosa es tener esa sensación de que se están aprovechando malamente de ti. Yo lo llevo fatal. Recuerdo que en el Altriman de 2014, que sufrí lo que no está escrito, un fulano se me pegó los últimos diez kilómetros y solo quería bajarme de la bici para ponerle a parir, por muy francés que fuese y no me entendiese una miierda. A ver. Dos opciones. O frenas en seco y dejas que el fulano pase, o tiras y tiras y tiras y tiras hasta que le sacas de rueda o tienes que bajarte de la bici a recoger tus pulmones desangrados.

El pinchazo en la salida a cuchillo

Te levantas pronto un día que no toca trabajar, te pones tu mejor coulotte y tu mejor maillot, gafas de sol despampanantes y plantas el sábado más feliz que una perdiz con la gente de tu club, pensando que ese es tu día, que vas a partir la pana, ir más rápido que nadie… Y vas y pinchas. Y tienes que mancharte las manos y hacer esperar al grupo que pone caras de circunstancia mientras pasan uno, dos, tres, cuatro minutos y tú te mueres de vergüenza y de cabreo. Después de eso, las piernas no tiran, te cuesta ir a rueda, no paras de darle vueltas al coco y vuelves a casa cabreado y con el rabo entre las piernas.

Te quedas corto de ropa

Asomas la cabeza por la ventana y hace sol maravilloso, de esos de hacerle una foto y subirla a instagram. Te vistes de verano, con tu maillot corto más bonito, silbas, vas feliz…. Sales a la calle… y hace un frío de mil demonios. Y empiezas a pedalear pensando que en cinco minutos se va a pasar, pero no. A los cinco minutos lo que tienes es un frío que te cagas, y sólo te quedan tres horas por delante. A sufrir, no queda otra. Habrá que ir lo más rápido posible.

Te pierdes

¿Dónde carajos estás? Si vas solo, lo suyo hubiera sido hacer caso a nuestros trucos para salidas en solitario, pero si vas en grupo… ¿cómo carajos te has perdido? ¿te dieron el palo, sacaron de rueda, y ahora estás en un punto indeterminado en medio de la nada? No queda otra que asumir la derrota y volver a casa por el camino más corto. Si tienes que preguntar, pues preguntas.

El garmin no funciona

¿Cómo que no funciona? ¿Cómo que no ha guardado esta pedazo de salida que me he marcado hoy? Eh, que había hecho casi 3.000 metros de desnivel! Que he sido el mejor del club! Cómo puede ser que las redes sociales no vayan a asombrarse de esta magna hazaña ciclista mía!

Pues no, querido. A veces el GPS nos la juega. Siempre te quedará subir el entrenamiento o la prueba a mano…