El bronce de Laura Muir en la prueba de 3.000 metros en los Mundiales de Birmingham no es una medalla cualquiera. Si ayer hablábamos del overbooking de Valverde que le hizo llegar a Siena por los pelos, nada tiene que envidarle la británica, que tuvo que cogerse un taxi desde Escocia hasta Birmingham el miércoles pasado debido al caos que se generó con el transporte como consecuencia de la nieve. Imposible coger aviones, y tráfico muy lento por carretera. Nervios no, lo siguiente.

La joven Muir, de 24 años, tuvo que pasar 7 horas metida en el taxi, además de pagar casi 1.500 libras para llegar a Birmingham, menos de 24 horas antes de su primera carrera. Lo normal cuando uno va a un Campeonato del Mundo a correr el 1.500 y el 3.000 metros. Aun así, fue capaz de terminar tercera detrás de la inalcanzable Genzebe Dibaba y de la holandesa Sifan Hassan.

Laura Muir

Foto: Simon Cooper

La corredora inglesa declaraba después de la prueba: «Ayer a estas horas estaba metida en un taxi a mitad de camino por la carretera. No se veía nada por el capó, los limpiaparabrisas estaban helados y tardamos siete horas en llegar. Cuando salíamos de casa, había casi medio metro de nieve y el taxi llegó dos horas más tarde.

Teníamos reservados un par de vuelos, pero todos fueron cancelados. No podíamos esperarnos que el tiempo fuera tan malo y que se cerrara el aeropuerto».

Su primera medalla en un mundial

Es la primera medalla en un mundial de Laura Muir, pero para ella significa mucho más que el oro en los europeos. «He sido cuarta, quinta, sexta y séptima, así que con un bronce estoy más que contenta.»

La ganadora, Genzebe Dibaba, se anotó su tercer título mundial consecutivo en los 3.000 metros en pista cubierta con un tiempo de 8’45”07. De esta forma, la etíope se queda a uno de igualar el récord de su paisana Meseret Defar con cuatro (2004, 2006, 2008 y 2010). La holandesa consiguió la plata con 8’45”68 y Laura Muir hizo 8’45”78, muy buen tiempo tras pasarse 7 horas metida en un taxi a menos de 24 horas de correr un Mundial.

Fuente: theguardian