El día que Michal Kwiatkowski ganó la Milán San Remo al sprint, el polaco llegó a los 1.200 watios de potencia. Quizás es una cifra impensable para la mayoría de los mortales, quizás los populares nos contentemos con alcanzar cuatrocientos, pero lo que está claro es que un buen sprint un día de esos que salimos en la grupeta y nos terminamos picando, es una maravilla. Te deja jadeando, pero hace que te sientas PRO por unos segundos.

Además, por si os interesa, entrenar de manera regular sprints, tanto para el segmento de ciclismo como para el de carrera a pie, es muy beneficioso para el cuerpo. Te lleva a otro nivel de esfuerzo, alcanzas cotas de fatiga impensables y, sobre todo, te saca de la zona de confort. Y ya sabemos que ahí, fuera de la zona de confort, es donde se mejora de verdad.

Te vuelves anaeróbico

Ya hemos hablado en varias ocasiones de qué son la fase anaeróbica y la aeróbica. Un sprint es básicamente una fase anaeróbica, en la que quemamos más glucógeno que grasa, producimos ácido láctivo y trifosfato de adenosina, básico en el proceso de contracción muscular a alta velocidad. Es un estado en el que apenas se puede permanecer sesenta segundos. Si entrenamos los sprints de manera regular, retrasamos el proceso en el que los músculos tienen exceso de ácido.

 

El ritmo cardiaco se dispara

Un sprint lleva el bombeo del corazón al máximo, alcanzando por segundos esas cotas que solo vemos en el pulsómetro cuando vamos al límite de nuestras posibilidades. En condiciones normales, tras un sprint basta un periodo de recuperación de entre treinta y treinta y cinco segundos para que las pulsaciones se hayan recuperado en un 50% de nuestro máximo. Así que el cálculo es sencillo: si hacemos diez sprints de treinta segundos con treinta segundos de recuperación (un HIIT como la copa de un pino) nuestro corazón apenas descansará. De ahí que los entrenamientos a alta intensidad sean magníficos para mejorar nuestro estado físico.

Construyes más músculo

Sprintar es uno de los ejercicios más útiles a la hora de mejorar la fuerza de nuestros músculos. Varios estudios han demostrado que los entrenamientos a alta intensidad recluta todas las fibras musculares de contracción rápida, aumenta los niveles de testosterona y dihidrotestosterona y estimula la síntesis de proteínas musculares, por lo que se construye más músculo y disminuye el envejecimiento.

Fabricas más mitocondrias

Al sprintar mandamos un mensaje a nuestros músculos de que necesitamos energía y además en grandes cantidades. Inmediatamente se activa la biogénesis mitocondrial, mediante la cual se producen más mitocondrias en nuestras células musculares. ¿Qué significa esto? Más energía para poder continuar yendo a tope.

Fuente: Freeletics, Bycicling y G-Se.