¿Qué pasa cuando tu equipaje no llega y tienes que correr 160 kilómetros por un lago congelado en el norte de Mongolia?  Pues esto es lo que le pasó a Peter Messervy-Gross el pasado fin de semana cuando viajó con el objetivo de correr la Mongol 100, una prueba que recorre 100 millas de norte a sur de Mongolia a lo largo de todo el lago congelado de Khovsgol de 4 días de duración.

Mongol 100

En un rincón remoto del noroeste de Mongolia se encuentra el lago Khovsgol: uno de los 17 lagos más antiguos del mundo con más de 2 millones de años de antigüedad y que contiene el agua dulce más pura del mundo. Las orillas están bordeadas de antiguos bosques boreales y repletas de lobos. Es sereno, hostil, impresionante, intimidante. En invierno, el hielo se congela a lo largo de sus casi 100 millas de longitud a una profundidad de más de un metro de espesor, el escenario perfecto para una prueba de estas características, Mongol 100. El objetivo de este ultra es atravesar la totalidad del lago de norte a sur, por cualquier medio: corriendo, caminando, patinando o en bici. Una aventura completamente surrealista y en plena naturaleza salvaje donde se llegan a experimentar temperaturas de hasta -40 grados centígrados.

Sin maleta

Y en medio de este panorama es como Peter Messervy-Gross aterriza en Mongolia con la intención de vivir una aventura única. Y la experiencia empezó siendo diferente desde su llegada al aeropuerto, sin maleta y a punto de embarcarse en una prueba de cuatro días en un lago congelado. Afortunadamente, uno de sus amigos le dejó ropa técnica, pero la talla de zapatos que utiliza Peter no existe en Mongolia. Por eso tuvo que tirar de un par de zapatos de piel de andar por la calle, unos típicos brogues.

Como buen neozelandés, Peter se inspiró en Sir Edmund Hillary y salió con el único calzado que tenía en aquel momento. Prometió intentar llegar al menos al primer punto de control, que estaba en el kilómetro 10. Pero a pesar de las temperaturas de -20 grados centígrados, Peter consiguió terminar la primera maratón y así durante los cuatro días que duró la competición. Una vez terminada la hazaña, podemos imaginarnos cómo estarían sus pies, llenos de ampollas, pero con la satisfacción de haber conseguido su objetivo.

Peter Messervy-Gros

Peter Messervy-Gros

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