Probablemente todos recordaréis la terrible noticia el pasado 28 de junio de 2018, cuando tres ciclistas fueron arrollados por un conductor en el kilómetro 293 de la N-601, Matallana de Valmadrigal, en León. Dos de ellos fallecieron como consecuencia del accidente. Eran un matrimonio de Villabona, Guipúzcoa, que realizaba el camino de Santiago en bicicleta, en compañía de su hijo de 12 años por aquel entonces, que resultó herido en el siniestro, pero de carácter leve.

El conductor, que se dio a la fuga tras el accidentequintuplicaba la tasa de alcohol, con un resultado de 1,16 miligramos por litro en aire espirado. Se trataba de un hombre natural de Cataluña, pero que reside en Valladolid, donde trabajaba como empleado de la planta de Renault.

Su estado de embriaguez era tal que incluso el conductor creyó estar dirigiéndose a Valladolid. Su intención, según declaró, era incorporarse en su puesto de trabajo. Sin embargo, el varón conducía dirección León. Y fue allí, donde tuvo lugar el accidente. Unos 20 kilómetros más allá del lugar de la tragedia, el conductor era interceptado por dos patrullas de la Guardia Civil. Allí se comprobó además de su estado de embriaguez que el circulaba sin seguro de coche.

Tras quedar a disposición judicial, el juez que le envió a prisión sin fianza apreció cinco delitos en el atropello mortal, dos de homicidio por imprudencia, otro de lesiones, otro contra la seguridad del tráfico y un presunto delito por omisión de socorro. Pues bien, el autor de la muerte de los dos ciclistas ha quedado ya en libertad condicional previo pago de fianza después de pasar un año en prisión provisional. Un accidente que conmocionó sin duda a España entera y que dejaba a un niño de 12 años sin sus padres por la irresponsabilidad de un conductor que quintuplicaba la tasa de alcohol permitida y que poco después de un año ya está en libertad condicional.

Como siempre decimos cuando escuchamos este tipo de noticias, qué barato es matar ciclistas en este país.