Ya está bien. Vale que nos tengamos que jugar la vida por salir los sábados y los domingos a hacer algo que nos gusta, que es un hobbie y una pasión. Vale que no se nos respete, que lo del metro y medio no se cumpla y que tengamos que escuchar cómo nos insultan y nos vejan. Pero es que en todo esto alguien ha perdido el norte y parece que el ciclismo va a terminar siendo un deporte de riesgo.

Esta mañana Yoann Offredo, ciclista profesional que corre esta temporada en las filas del Wanty-Groupe Gobert y que durante las seis pasadas lo hizo en el FDJ, ha sido agredido por unos desconocidos con un bate de béisbol y con cuchillas de corte mientras entrenaba. El propio Yoann ha publicado la noticia en sus redes sociales. No explica cómo se ha llegado a esta desagradable situación.

Comencé a practicar ciclismo a los doce años, con toda la imprudencia que conlleva. Estaba muy lejos de imaginar que de aquella pasión nacería una profesión, la de ciclista. Estaba muy lejos de saber que a lo largo de mi carrera conocería gente maravillosa. También estaba muy lejos de imaginar que este trabajo sería tan peligroso. Estaba muy lejos de imaginar que ejercería mi profesión poniendo en peligro mi vida.

Hoy he sido víctima de una agresión con cuchillas y un bate de béisbol mientras entrenaba con dos amigos. Resultado: Una nariz fracturada, una costilla en mal estado y hematomas en todo el cuerpo. Pero más allá de las heridas físicas, sobre todo estoy conmocionado. 

No estoy cabreado, sólo estoy triste por ver que este hermoso deporte que me gusta… Ya no quiero que mis hijos lo practiquen. Demasiado peligroso. Te vas por la mañana para el entrenamiento, pero nunca sabes si vas a venir a casa.

Es triste comprobar, que en el país de los derechos humanos, que los derechos de los ciclistas son ignorados. 

Hemos llegado al punto de que ciclistas profesionales no quieran que sus hijos practiquen su deporte, el que les da de comer, porque es demasiado peligroso. Te vas por la mañana para el entrenamiento, pero nunca sabes si vas a volver a casa.

¿En qué mundo vivimos?