Cuando quieres ser triatleta popular, lo primero que te viene a la cabeza es que habrá que buscar un plan de entrenamientos, en qué pruebas participar, todo el material que se necesita… Y al final, muy al final del todo, se nos ocurre que tendremos que decírselo a nuestras parejas, para que sepan que a partir de ahora vamos a empezar a emplear un tiempo que antes no empleábamos en nadar, pedalear, correr, y que además vamos a cambiar muchos hábitos de nuestro día a día.

¿Sabéis qué van a pensar ellas, o ellos, en el momento en que les digáis eso de “solo pienso en tri”? Pues ahí van seis cosas que se les van a pasar por la cabeza.

Está en la crisis de los cuarenta

Quien dice la de los cuarenta, dice la de los treinta, la de los veinte o cualquiera de las múltiples crisis existenciales que pasamos los adultos a lo largo de nuestra vida. Unos se divorcian, otros se compran un descapotable o una moto, y a otros les da por practicar por triatlón. Es así.

Y nuestra pareja nos mira circunspecta, a medio camino entre la preocupación por saber si su relación sentimental corre algún tipo de peligro, o simplemente tiene que dejarlo correr, nunca mejor dicho.

¿Y a este quién le habrá engañado?

Uno no decide que va a empezar a practicar triatlón de un día para otro, porque se da un golpe en la cabeza o porque tiene una revelación a lo San Pablo camino de Antioquía. No. Empezamos a practicar este maravilloso deporte porque vemos a un amigo, a un compañero de trabajo, a nuestro cuñado…

A partir de ahora, queridos amigos, cuando nuestra pareja descubra quién es el culpable de que nos lancemos a la aventura de las tres disciplinas, le odiará hasta la extenuación, sea quien sea. Él o ella es el culpable de que a partir de ahora paséis menos tiempo en casa, gastéis más y tengáis el triatlón de marras todo el rato en la boca.

No le voy a ver el pelo los fines de semana

Su tercer pensamiento va a ser del tipo: “Espera, espera, espera: ¿ahora resulta que va a querer entrenar? Yo de esto de triatlón no entiendo mucho, pero tiene toda la pinta de que es algo duro de narices. ¿Y de dónde piensa sacar el tiempo? ¡Pero si ya va desbordado! ¿Y no estará pensando que me voy a encargar de los niños todo el rato, verdad?

Entonces tú le cuentas que no va a afectar a vuestro día a día, que solo vas a entrenar una hora al día, bueno, claro, salvo los sábados y los domingos que eh… (A ver cómo lo dices)… Que… bueno… Sí que saldrás un poquillo más con la bicicleta, dos o tres horas, que ya has encontrado un grupillo con el que entrenar…

Y de pronto tu pareja se ve los fines de semana haciendo el solitario por las mañanas, o teniendo que hacer la compra sin compañía, o teniendo que llevar a vuestros hijos a sus actividades extraescolares cuando antes eras tú, y ya hay pollo montado.

Lo sentimos: en este tercer pensamiento vas a tener bronca segura.

Tengo que buscarme un hobbie

El pensamiento que recorre su cabeza mientras le estás dando la buena nueva, o a medida que avanzan las semanas y te ve ilusionadérrimo con tu nuevo interés por el deporte, es algo así: “tengo que buscarme un hobbie. Mira a éste, que se pasa el día pensando en el triatlón ese dichoso, que me está poniendo la cabeza como un bombo. Se va a enterar. Tengo que mirar lo del yoga, a ver cuándo son las clases. O lo del swing. ¿Puede que en el Centro Cívico hubiera swing los jueves por la tarde? Yo creo que sí, que me lo dijo Inés, la madre del colegio.

Pero vamos, que tengo clarito que yo en casa no me voy a quedar mientas éste está pasándoselo como un enano en la bici. Y espérate no le diga que me voy un fin de semana al apartamento yo sola”.

Foto: Tom Lee

Foto: Tom Lee

A ver cuánto le dura la tontería

Seamos sinceros: cuando no hemos practicado triatlón, y de un día a otro queremos hacerlo, nuestras parejas piensan que es una moda pasajera, y que en algún momento se nos pasará. Quizás acabemos hasta las narices de entrenar a los niveles en que este deporte lo exige, quizás acabemos una prueba y veamos que no era tan emocionante como nos habían contado, o simplemente nos cansemos, físicamente, y decidamos pasarnos a la petanca.

Lo que sea: pero si ellas –o ellos- piensan que es una moda, en su fuero interno albergan la esperanza de que terminemos aparcándolo.

Voy a revisar la cuenta corriente

Espera. ¿Que se ha comprado una  bici? ¿Y un neopreno? ¿Cuánto cuesta un neopreno de esos? Si, y que quiere pasar un fin de semana en octubre en Lanzarote. Claro. En Lanzarote. Que sus amigos van a un ironman, y que él quiere ir. Y eso de ironman suena caro de narices. Y yo aquí, sin hobbie.

Pues espera que voy a empezar a revisar que no se gasta mucho. ¡Ay como se gaste mucho, la tenemos!