No somos perfectos, ya nos gustaría  a nosotros. Hoy os traemos un artículo que seguro os recordará a algún compañero de entrenamientos, ese mismo al que le tenéis tanto cariño por su buen hacer. Vamos a repasar algunos costumbres y situaciones que nos tocan un poco la moral a los triatletas en la piscina. Seguro que identificáis a algún colega rápido. Ojo, si no os viene nadie a la cabeza yo me lo haría mirar, no vaya a ser que…En fin, a lo que íbamos.

1. El preguntón

Este no falta nunca. Espécimen autóctono de los grupos de entrenamiento. Fácil y sencillo de reconocer, se trata del típico que un entreno tipo 16×50 cada 45 segundos nos pregunta, tras la primera serie suelta esa de «¿cuántas hay que hacer?», pasa la segunda y vuelve con «¿entonces cuántas nos quedan?». Ojo, que no queda ahí, tras la 5 vuelve para preguntarte eso de «¿cuántas llevamos?».

2. Nos encanta estorbar

Estamos en medio de un entreno de series o quizá en un test para conocer nuestro estado de forma o determinar ritmos; todo va sobre ruedas y estamos cumpliendo al pelo hasta el momento en que aparece el colega de turno. Justo cuando nos estamos acercando al borde para hacer nuestro volteo y continuar dándonos cera, en ese mismo momento, va y aparece el individuo que llevaba 10 minutos haciendo coreografías desde el borde para salir justo por delante a la mitad de ritmo que nosotros. A tomar viento la serie o el test en cuestión.

3. Las matemáticas no son lo nuestro

El entrenador nos manda hacer unos 100 saliendo cada 1’40», por decir algo. Arranca la primera serie sin problemas hasta el momento en el que el reloj marca 1’40» para volver a salir y nuestro compi en cuestión se queda mirando al horizonte tratando de analizar mentalmente las oscuras golondrinas de Bécquer. Estos suelen abundar en los grupos mañaneros que vienen a la piscina con cara de machapes. ¡Y eso que os tenemos dicho que el sueño es algo primordial para un triatleta!

natación

4. El ansia viva

Una que nos mola es la de terminar después de un entreno duro con un 25 a tope cara a cara con nuestros compañero de grupo. El míster ordena eso de «salimos con la roja arriba», 5, 4, 3, 2…y ¡boom! Allí que sale el crack de turno dos segundos por delante y, claro, a ti te toca pegarte un calentón del quince para poder cogerlo y que no te gane de forma tan ruin. Al final acaba la serie, el míster canta los tiempos y tu compi te ha ganado por tres centésimas (saliendo dos segundos antes, claro). Ajo y agua.

5. Ganarlo todo

Somos competitivos, está claro, si no no estaríamos en esto del triatlón. Pero algunos no soportan perder ni al parchís.  Seguro que sois muchos los que os habéis encontrado en mitad de un 400 progresivo y el nadador de la calle de al lado, al que por regla general desconocemos, se empeña en ir, mínimamente, paralelo a nosotros, aunque si puede ser un poquito por delante mejor. Si son sus ritmos de entreno adecuados o no es lo de menos, lo importante es hacerte ver, aunque sea de reojo, que te puede plantar cara.  

6. El acaparador

Esta es de las mejores, sin duda. Este individuo hace acto de presencia cuando llevamos la mitad del entreno sin inconvenientes en nuestra calle para de repente cruzarse en mitad de la calle y, si es posible, darte algún toque de regalo. Mientras nosotros nadamos cuidadosamente junto a la corchera, nuestro compañero de calle se dedica a acaparar dos tercios de ella o a cruzarse en nuestro camino sin avisar, al menos, de que va a hacerlo.

No sabéis lo afortunados que podéis sentiros aquellos que contáis con aguas abiertas, río o embalse cerca de casa. Allí sí que uno puede nadar sin suplicios.