Correr un maratón es una experiencia. Y cada uno lo asumimos de una manera: con más nervios, menos nervios, más parlanchines, más callados, graciosos, lacónicos… Pero lo hacemos con nuestra ropa, la que nos identifica y dice mucho de nosotros.

Si cuando en nuestro día a día nuestra manera de vestir nos identifica, en un maratón también. ¿Con cuál de los siguientes tipos de corredores de maratón te identificas tú?

El veterano

Lleva a sus espaldas treinta y cuatro maratones. Las zapatillas son unas kelme de cuando Belda estuvo a punto de ganar la vuelta ciclista a España. El pantalón, de corredor profesional, es de Umbro. Y con sus cincuenta y siete tacos, tiene unos gemelos que parecen dos rocas recién sacadas de la cantera. Y corre que se las pela.

No entiende de camisetas técnicas, de mallas, de pulsómetros. El corre y punto. Y de mayores todos queremos ser como él.

El militar

A mí me impone y mucho. Ir con la camiseta del Cerdanyola CH por las tierras de Castilla a veces es lo que tiene. Habitualmente son hombres hercúleos. Mazaos como están, lo mismo te corren un maratón que luego continúan otros veinte kilómetros. Están muy morenos y sus camisetas blancas o verdes camuflaje se les ciñen al cuerpo a las mil maravillas. Les tengo envidia cochina.

Suelen ir muy tatuados.

Una extensión del militar es el bombero que corre con toda la indumentaria puesta, aunque estemos en pleno agosto. Éste ya es nivel pro.

El de la camiseta de su ídolo

Da igual que el ídolo sea Romay, Ochotorena que Maria Dolores de Cospedal. Correr 42 kilómetros es una experiencia, y cada uno la vive a su manera. Ya dicen que la persona que comienza un maratón no es la misma persona que lo acaba. Y la gente tenemos referentes. Y algunos quieren tenerlos en momentos tan importantes como éstos. Qué mejor que buscar una camiseta que recuerde a esa persona que sirve de referencia. Si la camiseta es de hace treinta y ocho años, de algodón, está roída o deshilachada, mucho mejor.

El de la camiseta de fútbol

Camiseta Simeone

Las camisetas de Iniesta, Simeone o Messi tienen más maratones en las piernas que Ricardo Abad, y mira que es difícil. Y es que el running y el fútbol están muy unidos, y no solo por el histórico de futbolistas que al colgar las botas, le han dado a esto de ponerse a correr. En cierta manera tiene su lógica: la gente nos sentimos indefectiblemente identificados con unos colores, y a algunos el fútbol les anima más que a otros. Igual que yo corro con orgullo con la camiseta del Cerdanyola CH, entiendo completamente lógico que la gente corra luciendo los colores del Sestao, el Rayo, el Barcelona de Guayaquil o el Langreo.

Los del gimnasio

Carrera de las empresas

Estos animan el cotarro que no veas. Son el alma de la fiesta, con su camiseta verde fosforito (sí, siempre es verde fosforito) diseñada para la ocasión. Han venido en tropel desde algún punto de la geografía del país y son la antítesis de los protagonistas de Perdidos, que decían aquello de Nacemos solos, morimos solos: aquí todos empiezan juntos y terminan juntos, aunque sea arrastrándose.

A mí me encantan porque son la alegría personificada. Trasladan a los cuarenta y dos kilómetros las sesiones de spinning. Y lo mejor es que a lo largo de todo el recorrido hay gente animándoles con pancartas.

El que se ha perdido

Este personaje iba a un ultratrail de 150kms por la montaña, y por error terminó en una prueba menor. Pero claro, él ya estaba perfectamente preparado para veinte cuatro horas de resistencia por la montaña: con su camel bag, sus doce geles, su chaleco con dieciocho bolsillos, sus zapatillas de trail, sus medias compresoras, su  portabidones y su focal en la cabeza, justo debajo de la gorra del Marathon des Sables.

No, en serio, que a esta gente que va con el camel bag o disfrazados a lo Edmund Hillary a punto de subir el Everest, ¿no les han contado que en las pruebas de maratón hay avituallamiento? ¿Qué llevan en el camel bag? ¿La poción mágica de Asterix?

El novato

Ay amigo, aquí hemos venido a sufrir. Se le reconoce porque suele llevar la camiseta conmemorativa que dan con la bolsa del corredor. Es carne del Decathlon: mallas y calcetines son fijo del emporio francés del deporte. Las zapatillas no, ahí se ha dejado aconsejar por amigos o blogs de referencia, y calza un buen pastizal en ambas piernas.

Empieza el maratón con muchísimas ganas, pero en el kilómetro treinta está preguntándose qué coños hace él ahí. Pero él acaba. Por sus santos huevos que acaba, aunque sea con calambres en ambos gemelos.

Todos hemos sido novatos, y todos hemos afrontado nuestro primer maratón en las mismas condiciones. Y bien orgullosos que estamos, carajo.

El de la camiseta hand made con mensaje

Un maratón es un lugar magnífico para la épica y los homenajes: Padres, madres, amigos que por desgracia ya no están, enfermedades raras, mensajes defendiendo una ciudad, o tratando de evitar el cierre de una empresa o un colegio. A esta gente les admiro, porque no solo les mueven las piernas y las ansias de alcanzar la meta, les mueve algo que si se tiene, es el combustible más poderoso: la ilusión.

Foto de portada: Maratón de Tenerife