“Me tuvieron que extirpar el bazo, me fracturé cinco costillas, una me perforó el pulmón izquierdo, me fracturé el cráneo, se me hizo un coágulo en el oído medio, la cintura pélvica se me abrió cinco centímetros y tenía una hemorragia interna de un litro y medio. Estaba reventado por dentro. Tuvieron que abrirme desde el esternón hasta por debajo del ombligo”, relata Aitor Martínez. A él y a su amigo, Jesús Negro, les atropelló un camión a 90 kilómetros por hora mientras montaban en bicicleta. El conductor, que se despistó escribiendo un whatsapp, ni si quiera se detuvo. Jesús Negro tenía 35 años y ese día no volvió a casa.

Los accidentes ciclistas en vías interurbanas se han incrementado en España más del doble en los últimos años. Si en 2009 fueron 1.082. en 2016 la cifra se sitúo en 2.303. Algo que también se observa en los datos de accidentes en vías urbanas: de 2.387 a 5.890 en el mismo periodo. También aumentan el número de heridos hospitalizados, que pasa de 489 en 2009 a 736 en 2016 (un 50%).

Según los datos sobre conductores y víctimas implicados de la DGT entre 2008 y 2017 han fallecido más de 450 ciclistas en nuestro país (sólo en vías interurbanas). En lo que va de 2018 ya se habla de, al menos, cuatro ciclistas fallecidos. Los dos últimos caso son el del campeón nacional de ciclismo adaptado, José Ángel Aceitón, y el ciudadano alemán fallecido en el atropello múltiple en Mallorca.

Accidentes ciclistas: la historia que nunca acaba

“Cada año es lo mismo: un goteo de muertes y de familias devastadas por culpa de un conductor o una conductora”, denuncia Anna González, a cuyo marido le atropelló mortalmente otro camionero que se dio a la fuga.  Anna reconoce los esfuerzos por parte de la DGT, pero señala que el año pasado volvieron a fallecer 42 ciclistas cuyas familias cumplirán “cadena perpetua” de por vida, “intentando sobrevivir a un dolor que no se puede describir”.

Falla el Código Penal, falla la educación en valores, no hay conocimiento de la normativa de conducción“, denuncia Anna, que hace unos meses recibió la Medalla al Mérito de la Seguridad Vial con distintivo Azul por parte de la DGT.

“Cada año, en esta época, se repite lo mismo. El buen tiempo genera una combinación peligrosa, personas que salen a practicar deporte junto con personas que por la noche beben, se drogan y vuelven conduciendo, por la mañana, siendo un peligro mortal para todos los usuarios de la vía”, añade. “El ciclista es la parte frágil, y aunque lleve mil luces, vaya perfectamente bien, si se cruza con un conductor imprudente, o borracho, de poco le servirá toda su precaución“, explica.

“A eso sumamos que las personas que conducen sin prestar atención a la conducción, porque están usando el móvil o van despistadas manejando la radio o navegador”, concluye González.

Para Aitor falta concienciación. “Un coche no deja de ser un arma. Si encima se va bajo los efectos del alcohol o las drogas se causan daños irreparables”. Daños que no se pagan como se debería. “Las condenas no son lo suficientemente duras“, afirma el ciclista de Valladolid, para quien matar en la carretera con un coche sale “casi, casi gratis. En muchos casos no llegan ni a entrar en la cárcel”.

Falta de estrategias y medidas institucionales

Luis Montoro, catedrático de Seguridad Vial de la Universidad de Valencia, hablaba en El País de “una mayor movilidad en bicicleta. El uso de este vehículo, como medio de transporte o para hacer deporte, va cada vez a más” como una de la causas de este aumento. Montoro señalaba también la “falta de estrategias y medidas institucionales“. Para Perico Delgado en 2015 se produjo “un paso atráscuando el PP sacó del Código Penal las faltas por imprudencia leve. “Se lanzó un mensaje de que esos accidentes no tenían importancia”, apunta el deportista en El País. 

Esa reforma fue la responsable de que casos como el del marido de Anna Gónzalez, quedaran impunes. “Desde que Óscar fue atropellado, estoy muy pendiente de los atropellos a ciclistas”, afirma Anna, que en marzo del año pasado presentó más de 200.000 firmas en el Congreso de los Diputados para reivindicar una reforma del Código Penal. “Se hace muy poco o nada“, dice por su parte Aitor Martínez, que no entiende que sea necesario presentar firmas para que los políticos se pongan a trabajar en este tema.

Proposición de Ley en el Congreso

El PP, que presentó el año pasado una Proposición de Ley para endurecer las penas por atropellos ciclistas, y Ciudadanos pretenden establecer penas más severas y crear, además, un nuevo delito de fuga del causante, explica González. Pero el acuerdo no llega: “Podemos y PSOE son más contrarios a endurecer pena“. Mientras tanto los ciclistas siguen perdiendo la vida en la carretera.

Va tan lento el asunto, que desespera al más calmado“, asegura. Aunque acepta que “son muchos los trámites que tienen que hacer hasta que se llegue finalmente a modificar el Código Penal“, Anna no se explica el retraso cuando cada verano se habla de más de treinta víctimas.

Para ella sólo queda esperar y ver a donde llega esto. “Espero que termine como deseamos: con la creación de una Ley justa para víctimas y familiares de víctimas, y no como ahora, que sólo es justa y garantista para el causante”.

accidente

Foto: Roger Segura

Una labor de todos

Aitor Martínez estuvo seis días en la UCI y más de un mes en el hospital. “Volví a casa en silla de ruedas, no podía andar“. Ahora vuelve a montar en bicicleta a diario, pero no sale a la carretera. “He visto sufrir a mis padres, a mis hermanos, a toda mi gente querida la he visto sufrir muchísimo“, dice con la voz entrecortada. “No se merecen que esto les vuelva a pasar“, afirma, y añade que ha tenido que pasarse a la bici de montaña para no hacerle más daño a su familia.

Ahora da charlas sobre educación vial en colegios. Ese es su “granito de arena”. A lo niños les explica el peligro de hacer las cosas mal al volante. “Hay que educar desde pequeños“, asegura. “En educación vial, en el respeto a los demás“, recalca, considerando esta materia tan importante como historia o matemáticas. En los colegios trata de inculcar a los niños que “son futuros conductores y futuros ciclistas”, que todos podemos participar ayudando en la circulación aunque no conduzcamos: “cuatro ojos ven más que dos”, explica.

La última fue en un colegio de Íscar, allí estuvo junto con otro compañero que había sufrido un accidente de moto. A los niños les hablaron sobre los accidentes de tráfico, sus consecuencias y lo que cuesta superarlo. “Aunque no todo el mundo tiene la opción”, matiza y vuelve a acordarse de su amigo: “Yo puedo contar mi experiencia,  Jesús no ha podido hacerlo, él se tuvo que ir“. Aitor no puede evitar que le tiembla la voz cada vez que lo recuerda, quizá sea porque como él mismo dice “lo duro es la gente que se queda aquí, lo duro es ver a Chus, a la familia de Jesús”, lo duro es perder a tu amigo para siempre y tener que vivir con ello cada día.

Reconoce que ha perdido la esperanza de que se pongan soluciones serias a esto. No cree que lleguen nunca. Por eso “hay que educar desde pequeños el respeto de los demás”.  Tras salir del hospital Aitor comenzó a leer las redes sociales: “Mucha gente nos echó la culpa a nosotros“, cuenta aún con perplejidad. “Hay mucho odio“.

Para muchos conductores el ciclista es un completo desconocido, “pero mañana puede ser tu hermano o tu hijo“, alega para tratar de concienciar. “Encima de la bici va una vida a la que están esperando en casa”.

Pone el acento también en la responsabilidad del ciclista, que no queda eximido de comportarse en la carretera y que todavía carece de educación. “Muchos accidentes son culpa de ciclista”, subraya Aitor que habla de todas las cosas que hacemos mal sobre las dos ruedas: “Vamos en grupo hablando y distraídos, no vamos pendientes de la circulación, no respetamos semáforos”, reconoce, “para pedir respeto lo primero es respetar“.