Constantemente estamos leyendo historias que contradicen lo que siempre hemos creído. Nosotros somos más bien de publicar información basada en estudios científicos, con un mínimo de rigor empírico. En esta ocasión, un estudio realizado por un equipo de expertos noruegos en medicina del deporte liderados por Klomsten Andersen y publicado el pasado mes de noviembre ha puesto de manifiesto que, al contrario de lo que siempre hemos pensado, correr pruebas de resistencia podría ser la mejor manera de prevenir la osteoporosis frente a deportes como el ciclismo. Cuando se practican deportes como la natación o el ciclismo, estaríamos facilitando la progresiva degradación ósea. No es la primera vez que se pone en duda la salud de los huesos en ciclistas, pero sí es la primera vez que en un mismo estudio científico se comparan ciclistas y corredores.

El estudio tenía como objeto determinar la densidad ósea entre los ciclistas de élite noruegos tanto femeninos como masculinos (seleccionados a partir de la UCI), así como de corredores de media y larga distancia y llegar a determinar los factores de riesgo asociados con una baja densidad ósea (BMD). Para ello tomaron una muestra formada por 21 corredores (11 mujeres y 10 hombres) y 19 ciclistas (7 mujeres y 12 hombres), todos ellos entre los 18 y los 35 años que hubieran competido a nivel nacional como mínimo durante dos años consecutivos y con índices de masa corporal normales, entre 20 y 21. Es decir, lo mejorcito de cada casa como objeto de estudio. Deportistas que habían empezado a competir entre los 16 y 18 años y con 7 años metidos en competición. Ciclistas que entrenaban 909 horas durante el último año frente a corredores que invertían 549 horas al año, es decir, casi el doble de horas anuales. Además, los ciclistas pasaban unas cuantas horas en el gimnasio metiendo fuerza, frente a muchas menos por parte de los corredores, que solo intensificaban el trabajo de fuerza conforme se acercaban las competiciones.

Lo normal sería pensar que todo apunta a que los ciclistas gozarían de una mejor densidad ósea, como siempre se había pensado. Y es ahora cuando el resultado del estudio cambia nuestros patrones. Tras medir los niveles de densidad ósea corporales a nivel global, así como la cabeza del fémur y la región lumbar, 10 de los 19 ciclistas mostraron niveles bajos de calcio por cm2 de acuerdo con los criterios del American College of Sports Medicine, a pesar de haber entrenado específicamente fuerza en las piernas. Uno de ellos, además, mostraba síntomas de osteoporosis. Recordemos que las personas con osteoporosis presentan un nivel de masa ósea reducida que sigue en disminución paulatinamente, provocando la debilidad del hueso, convirtiéndolo en frágil y susceptible a las fracturas.

Durante mucho tiempo hemos pensado que los deportes de impacto son malos para los huesos y acaban produciendo lesiones. Algo de razón puede tener, sobre todo cuando nuestra técnica de carrera no es la más adecuada y se acaba cayendo en una lesión a largo plazo. Pero la otra cara de la moneda es la que hemos visto hoy en este estudio, el impacto hace que el hueso se refuerce en las zonas más vulnerables mediante un mecanismo natural de aposición de calcio, según explica el doctor Carlos Jarabo.

Fuente: El Paísbmjopensem.bmj.com,