Un día hablé de lo que peor llevábamos los triatletas (o algo parecido, que ya empiezan a ser muchos los artículos escritos en Planeta Triatlón y uno empieza a tener memoria selectiva), y hoy he pensado que, aunque no lo parezca, también tenemos enemigos. ¿Quieres saber cuáles son?

La bollería industrial

No sé si os pasará a vosotros, supongo que sí, pero yo tengo una adicción increíble a la bollería industrial. Y por lo que me han explicado los expertos en la materia un plan nutricional coherente y sano creo que no se lleva muy bien con donuts, palmeras de chocolate, galletas oreo y demás cosas cargadas de azúcar que están más buenas que dormir un domingo hasta las doce del mediodía.

A veces pienso que los triatletas populares somos el máximo exponente del chiste ese del Gym y el Ñam: nos pegamos palizas pantagruélicas entrenando y luego nos ponemos como el Kiko en cuanto tenemos ocasión. No, es que tengo que recargar hidratos. Esa gran frase.

Los conductores rabiosos

Me parece increíble que tenga que poner algo tan poco relacionado con el deporte como son los conductores rabiosos en esta clasificación, pero por desgracia la grave situación que los deportistas que utilizamos las dos ruedas estamos sufriendo en los últimos tiempos, con un histórico de atropellos y muertes extremadamente preocupante, hace que así sea.

Podemos seguir una dieta estricta, cumplir al detalle un plan deportivo y lograr cuadrar vida laboral y social con el triatlón que si luego los fines de semana, cuando salimos a hacer nuestro entrenamiento de ciclismo un energúmeno de turno nos pone el corazón a cien por hora porque le da por pasar pegado a nosotros porque tiene prisa, o nos pitan, insultan o amenazan, llegará un momento en que prefiramos utilizar el rodillo, quedarnos en casa, y perder una de las cosas más bonitas que puede hacer un triatleta: pedalear por carreteras secundarias, con la naturaleza y el silencio de fondo.

Las madres

Sí, las madres, no me miréis así. Al menos la mía. Y sus comidas. Y sus cocidos, sus lentejas, su chorizo casero, sus croquetas, sus sandwiches dobles untados en mahonesa, sus helados, sus natillas, sus “¿sólo vas a comer eso?” y sus “anda no me jorobes, te echo otra más que tú luego lo quemas”.

Las lesiones

¡Esa gran putada! Nada frustra más que no poder entrenar, tener que quedarse en casa enjaulado cuando lo que quieres es nadar, pedalear o trotar con tus compañeros. Unas veces son unos días y se pasa rápido, apenas sin darte cuenta con la rutina diaria, pero otras… Uff. ¡Qué mal cuando pasan las semanas, los meses, y ves pasar la temporada sin que formes parte de ella!

El sofá

¿Cuántas veces habéis dicho “hoy salgo con la bici por la tarde, después de comer” y luego, cuando estás plácidamente haciendo la digestión tumbado en el sofá, con el sol entrando por la ventana, la película danesa de Antena3 llevándote a los brazos de Morfeo, has cancelado de manera definitiva esa salida? Yo millones. El sofá es maravilloso, pero sin duda un gran enemigo de todos los que practicamos triatlón.

La lluvia

Pocas cosas nos evitan entrenar tanto como la lluvia. Es como la némesis del triatleta. Para mí al menos, claro. Puede hacer un frío horroroso, puedo tener que entrenar a las cinco de la mañana por cuestiones laborales, puedo tener que lidiar con un viento terrible, que me da igual. Eso sí: como vea que llueva, aunque tenga en casa el mejor material… Igual da. Uno se queda en casa en el sofá comiéndose unos donettes como está mandado.