Cuando conoces a mucha gente -la mayoría triatletas populares- con la que entrenas a diario, te das cuenta de la diferencia de objetivos deportivos que cada uno de nosotros tenemos. Hoy quiero hablar de frustraciones y alegrías. Y de cómo gestionar unas y otras puede determinar nuestro fracaso o felicidad absolutas.

Los triatletas profesionales, como su nombre indica, viven del triatlón. Unos vivirán mejor y otros vivirán peor, pero es su profesión. Por tanto, están “obligados” a conseguir los mejores resultados posibles. Conseguir clasificarse para el Campeonato del Mundo de Ironman en Kona es una meta en sí misma para muchos triatletas profesionales. Ser parte del elenco de 23 triatletas que competirán en la Super League este 2017 es otro éxito desde el punto de vista profesional. Y lo mismo, repartirse el medio millón de dólares en premios en el triatlón más elitista del mundo que se disputa el último fin de semana de octubre en una exclusiva isla de las Bahamas (Island House).

Foto: The Island House Triathlon Media

Foto: The Island House Triathlon Media

Es decir, cada pódium, cada título mundial, cada premio determinará su futuro profesional a la hora de conseguir sponsors, ayudas económicas y marcas que financien sus largas temporadas de entrenamientos, viajes, fisioterapeutas, hoteles, etc. Ellos sí tienen derecho a llorar cuando las cosas no salen, porque es su profesión.

¿Y qué pasa con los populares?

Y ahora nos toca el turno a nosotros. A los nadadores, corredores, ciclistas y triatletas populares, los amateurs. Los que tenemos que levantarnos antes de que amanezca para meter los entrenamientos que nos ha puesto nuestro coach con calzador. Los que después de dejar a niños en el colegio y trabajar en un mundo empresarial cada vez más competitivo, queremos emular a los pros en objetivos y logros deportivos. Si para ello tenemos que sacrificar horas de sueño, dejar de estar con la familia, olvidarnos de comidas con compañeros, o de salir a tomar unas copas los fines de semana con los amigos, lo hacemos.

Los populares semi pros

Unos entrenan 6 días en semana, otros 2 ó 3, cada uno según lo que se haya fijado como objetivo conseguir en la temporada. Los hay que doblan sesiones de entrenamiento. Los hay que piden financiación en sus bancos para conseguir el mejor material deportivo que el mercado le puede ofrecer a un amateur, y muchas veces, a la par con el que utilizan los profesionales.

Foto: trimes.org

Foto: trimes.org

Cada año los Grupos de Edad compiten a lo largo de todo el planeta en busca de los ansiados slots para Kona. Esta vía requiere, en muchos casos, de sangre, sudor y lágrimas. Pero al triatleta popular, le da igual. Irá a por uno de los dorsales disponibles en cada una de las cuarenta carreras de distancia Ironman  repartidas por el planeta.

Los populares de verdad

Y mientras tanto, otros soñando con hacer su estreno en algún triatlón popular donde no haya que acreditar marca para que te den un simple dorsal con el que competir. Es gente que también sacrifica horas de sueño, familia, amigos, fines de semana, etc., por ser finisher de alguna prueba que hace un par de años jamás habrían imaginado ni planteársela.

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Foto: CanoSports

¿Cuál de los dos deportistas es más feliz? ¿Podemos hablar de fracaso en algún caso?

Como decía al empezar esta entrada, conozco a personas que terminan su primer sprint y son las personas más felices que he conocido en este planeta. Otros se quedan a las puertas del slot para ir al Campeonato del Mundo de Kona y no hay consuelo que valga a todos sus entrenamientos y sacrificios. Por tanto, ¿existe la frustración en el triatleta amateur?

En mi opinión, sí la hay. La hay en triatlón, en natación, en carrera y en ciclismo. ¿Y de qué depende? Pues depende como siempre de las expectativas que nos hagamos. Y la frustración no es otra cosa que la diferencia entre esas expectativas que nos habíamos hecho y la realidad con la que nos encontramos.

En el primer caso, el triatleta que se ha pasado un año entrenando 6 días a la semana, doblando sesiones algunos de ellos, ahorrando para poder ir a algunas de las pruebas donde conseguir el pase a Kona, compitiendo y dejando de ver a su familia muchos días, es lógico que experimente una decepción absoluta si ese slot no llega, ¿verdad? Podría estar en el top ten de muchas pruebas populares, pero no consigue lo que realmente quiere.

Y ahora vamos con el segundo caso. Mucha gente empieza en esto del deporte como forma de perder peso. Y poco a poco, se van metiendo de lleno hasta que llega el momento de plantearse objetivos. Uno puede ser correr una carrera de 10 kms, otro puede ser su primer triatlón sprint en la Casa de Campo de Madrid con una bici prestada o muy justita para los que entienden de componentes. El caso es que entrenando un par de días en semana, consigue terminarlo.

La competición es el examen final para el que llevamos estudiando durante todo el año, y aquí no vale dejarlo todo para el último día. El examen lo eliges tú. Mi único consejo es que nunca te pongas objetivos tan ambiciosos que se conviertan en inalcanzables, porque acabarás llorando.

Y el deporte que practicamos los amateurs es para “disfrutar”, no para llorar.

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Foto: Martí Milla