Nuestro amigo Samuel García nos cuenta cómo ha vivido su primera Maratón de Sevilla en su ciudad.

Que un Domingo cualquiera sonara el despertador a las 5:30 de la mañana no sería un placer para casi ninguna persona, pero los nervios no permitieron ni un solo segundo de alarma del móvil.  Meticuloso y con tranquilidad de haberlo dejado todo preparado el día anterior, la ropa, la bolsa del corredor, el dorsal, la alimentación etc… fui disfrutando de cada una de las sensaciones de ese día tan esperado.  El desayuno el habitual pero en más cantidad, nada de experimentos.

Salir de casa con el frío de la mañana y saber que uno va a la Maratón de Sevilla a disfrutar del sufrimiento es como el soldado que va a la guerra a morir. He entrenado pero sé que voy a sufrir.

Ya metido en el cajón de salida, los últimos 10 minutos son para repasar la estrategia a seguir  que es aguantar todo el ímpetu inicial para retrasar el temido muro lo más posible, recordar todas las sensaciones vividas en estos últimos 3 meses, acordarme de todos aquellos que me han apoyado y por qué no, encomendarme al algún santo que me libre y ayude en la batalla.

Salida y pelos de punta. Aunque salí un poco rápido, poco a poco cogiendo el ritmo marcado, 5:30min/km de velocidad de crucero y a disfrutar de todo, no soy ningún súper atleta. Poco a poco los kilómetros iban cayendo y las sensaciones eran magníficas.  Correr por tu ciudad con el apoyo de la gente es darle un plus de motivación a todo esto. Km 10 sensaciones geniales, seguimos avanzando. Llega el momento de comenzar a suplementar para no desfallecer en el intento; y me salió el tiro por la culata. Los geles de toda la vida, aquello que nunca me hizo daño fueron mis mayores enemigos. Pasé por el km 21 con un subidón por el ritmo que llevaba y las sensaciones, pero empezaban las molestias estomacales. Del km 23 al 30, mi estómago no hizo nada más que ponerme zancadillas por el camino. Decir que no pensé en abandonar es mentir, pero me había visto en situaciones más complicadas, y no me iba a rendir tan fácilmente.  ¡Seguimos a muerte!

Poco pude disfrutar de las buenas sensaciones, de nuevo en el km30 apareció el temido muro, creo que aceleró su llegada todo lo anterior, pero a cabezón no me gana nadie. Un poco a pie y otro caminando para qué engañarnos. Del km 30 al 35 odiaba correr, quería tirar las zapatillas, apagar el pulsómetro y olvidarme de todo aquello, pero una vez entrado en El Parque de Mª Luisa fue cambiando todo, metro a metro, paso a paso, las buenas sensaciones llegaron a las piernas y volví a disfrutar de correr por la ciudad. Puro running por la Plaza de España, centro histórico, Catedral, Alameda.

Los últimos dos kilómetros fueron emocionantes porque ya sabía que lo tenía en la mano. En el túnel de acceso al estadio alguna lagrimilla y el paseo triunfal de los 195 mts en el tartán de los campeones del mundo. La mente estaba junto a aquellos que han estado en este proyecto junto a mí.

Cruzar la línea de meta fue un triunfo y un alivio

Se acabó el sufrimiento, sólo queda la gloria.

Aún no me considero maratoniano, aunque ya hice una, pero sé que me queda poco para ello.

Esa misma noche, con un dolor de piernas maravilloso, ya estaba buscando la próxima que correr; quizás Valencia, quizás  Berlín….. Sueños de Maratón

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