Si consideramos que la gran mayoría de nosotros nada en una piscina de 25 metros en la que los virajes son compañeros habituales, deberíamos concluir que la natación en aguas abiertas -donde desaparecen dichos virajes- será más rápida. Además debemos de sumar ese plus de que “en el mar se flota más” por culpa de la sal. Sin embargo la realidad es bastante distinta y para muchos el mar supone una auténtica frustración. ¿Por qué nadamos peor que en la piscina? Conoce nuestros errores y aprende a mejorar en aguas abiertas.

Errores obvios

Quizá lo hacemos sin ser conscientes, y ha sta puede que desconozcamos su influencia, pero muchos de nosotros cometemos errores o dejamos cabos sueltos cuando se trata de nadar en el mar. Algunos de ellos son obvios y sin embargo los pasamos por alto. Algo así sucede con el calentamiento. Si pensamos en cualquier sesión de piscina es fácil darse cuenta de que cualquiera acumula un buen número de metros antes de dar comienzo a la fiesta de los ritmos altos. ¿Por qué debería ser diferente en el mar? Un buen calentamiento -tanto en seco como en mojado- es esencial si queremos ir rápido en el agua.

Por otro lado un mal ajuste de neopreno es otro factor que puede poner en jaque nuestro ritmo. Reconocemos que puede resultar difícil encontrar el neopreno perfecto, pero tanto un neopreno grande como un pequeño van a frustrar nuestro rendimiento. Es necesario escoger una talla adecuada que se ajuste a la perfección para evitar problemas de fatiga o  de “inundación”.

A veces también nos equivocamos con nuestra posición de partida. Muchos de nosotros solemos partir desde la parte de atrás de la natación, un lugar que suele estar muy congestionado. En algunas ocasiones nuestro ritmo puede ser más rápido, pero el “pelotón” de gente y las brazadas de unos y otros a ambos lados impiden que podamos avanzar hacía delante. Está claro que si no somos grandes nadadores no vamos a tomar la salida en cabeza, sin embargo tampoco debemos regalar minutos quedándonos demasiado rezagados. Busquemos una buena posición, aprovechemos un ritmo más rápido y tratemos de coger unos buenos pies para mejorar en aguas abiertas.

Falta de confianza y preparación

No sólo el material o nuestros descuidos determinan nuestro rendimiento, nosotros mismos somos responsables directos en muchas ocasiones. La falta de confianza en aguas abiertas, muy común en triatletas que no llegan de la natación, es uno de las mayores barreras con las que nos podemos encontrar. Cuando no hemos tenido contacto con el mar de manera frecuente y durante un periodo considerable de tiempo, enfrentarnos a una prueba nos puede generar un estrés considerable.

Las travesías son el mejor medicamento cuando nos encontramos con estas situaciones. En la piscina podemos tratar de simular condiciones, pero ya lo decía nuestro compañero Jorge San Martín: “La natación en aguas abiertas y la natación en piscina son dos deportes totalmente diferentes“. Enfrentarse a ellas es la mejor -y única- forma de conocer realmente qué sucede ahí y mejorar en aguas abiertas.