En muchas ocasiones llegamos cargados de ilusión a la piscina, dispuestos a cumplir el entrenamiento previsto a rajatabla y de repente, sin saber exactamente en qué momento y por qué, algo se rompe en nuestro interior, y la ilusión con que llegábamos se va al garete. ¿Qué ha ocurrido? Nadas, das brazadas, y no sientes el famoso flow, y pensar que tienes por delante 2.500 o 3.000 metros se te hace una eternidad, como si fueras Sebastian Karas cruzando el Báltico.

Está claro que la natación es, de las tres disciplinas de triatlón, posiblemente la que más esfuerzo mental nos supone. El acuático es un medio al que no estamos habituados y supone, en cualquier caso, salir de nuestra zona de confort. Y si encima nos toca entrenamiento de intensidad, peor aún. Para evitar los malos pensamientos, que a la postre lastran cualquier sesión e incluso una temporada si se repiten en el tiempo, Olivier Poirier-Leroy, periodista y redactor de Swim Swan, ha recopilado una serie de trucos.

Analizar en qué momento se desequilibra el entrenamiento

Los triatletas, como cualquier otro deportista, somos animales de costumbre, y quien más quien menos siempre repite las mismas rutinas a la hora de entrenar: horarios, estado físico en el que se llega, incluso -y os parecerá una tontería, pero no lo es-, cuánto hace que hemos comido (y por ende como andamos de estómago). Esta claro que si siempre que llegamos a entrenar, se nos quitan las ganas, algo mal estamos haciendo en nuestra rutina. Lo mejor es analizar, de las veces que ha ocurrido, cuál ha sido el momento concreto. Puede que haya sido en el coche, camino de la piscina, o en el vestuario, incluso en los primeros largos.

Siendo conscientes de en qué momento nos llega la “desilusión”, la próxima vez estaremos mentalmente preparados para afrontarla, y de manera inconsciente nuestro cerebro nos hará evitar repetirlo.

Ser consciente de cuáles son los pensamientos que tenemos cuando todo va bien

Nuestro estado emocional pesa muchísimo sobre nuestro rendimiento deportivo, tanto positiva como negativamente. Así que un buen truco es tratar de emular, cuando notamos que no todo va bien, qué pasa por nuestra cabeza cuando sí que nos notamos en línea. ¿Qué diferencias hay entre una actitud y otra? ¿Cómo responde nuestro cuerpo?

En muchas ocasiones, conviene hasta ponerlo por escrito.

Piensa en la carrera de tus sueños

Para un triatleta el entrenamiento no es la meta, es simplemente el camino que hay que recorrer para, de aquí en unas semanas o meses, lograr terminar una competición y colgarte una medalla. Dado que es lo que nos mueve, ¿por qué no pensar en ello cuando vienen los malos momentos? Visualiza tu entrada en meta, el esfuerzo, y la satisfacción de conseguirlo.

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