Cuando JuanP Vázquez me descubrió el electroestimulador Compex, surgió una de esas conversaciones de pareja que tan habitualmente surgen en los domicilios en los que vive un triatleta:

Ella: ¿te lo vas a comprar? No lo estarás pensando, ¿verdad?
Él: Pues hombre…
Ella: ¿Cuánto cuesta?
Él: unos 600 euros.

Después viene el silencio incómodo. Después, terminas comprándotelo. Tú tienes tus argumentos, pero son más para quitarte ese sentimiento de culpa. Pues desde aquí os lo digo. Un aparato de electroestimulación es una inversión, y no un coste. ¿Por qué? Pues porque le vas a dar mucho más uso del que piensas de primeras.

Relacionado: Para qué sirve la eletroestimulación

Simplemente haz números. ¿Cuántas veces vas al fisio o al masajista a hacer masajes de descarga? Yo voy una vez al mes. 25 euros cada vez. 12 meses, son 300 euros. Más o menos lo mismo que cuesta el Compex Sport 2.0, que quizás para nosotros triatletas puede ser el que más se nos adapte. El Globus Elite 4 cuesta incluso menos. Es decir, ya en un año podemos amortizarlo, dado que esos masajes de descarga podremos dárnoslos en casa.

Pero aparte, seamos prácticos. Muchas veces vamos al gimnasio a hacer la fuerza, con el tiempo que supone estar fuera de casa. Con un electroestimulador, podremos hacerlo en el salón junto a nuestra pareja. Anda que no va a agradecer ese tiempo juntos.

Además y ya por último, ella también va a poder utilizar el aparato. No solo para darse masajes, si no para las cervicales, los glúteos, el culo… Gana ella y ganáis vosotros.

Así que ya tenéis argumentos si os lo estábais pensando.