A mediados de semana se hacía pública la noticia de que la ITU probará el próximo mes de junio, en la Copa del Mundo de Kitzbühel, un nuevo formato de calificación. En él, los triatletas competirán dos veces el mismo día: una primera prueba servirá de clasificación, permitiendo la entrada a un mayor número de deportistas, y una segunda, la final en sí, en la que correrán únicamente treinta de ellos.

La primera de las pruebas se disputará de manera individual y en formato contrarreloj con salidas cada treinta segundos. La distancia serán 2/3 de un triatlón sprint: 500 metros de natación, 13’3 kms de bicicleta y 3’33kms de carrera a pie. Los treinta mejores tiempos serán los que pasen a la final, que se disputará sobre una distancia de 1/3 de triatlón sprint: 250 metros de natación, 6’6kms de bicicleta y 1’66kms de carrera a pie.

Vale que la ITU ya ha utilizado otras veces la ciudad austriaca como conejillo de indias, pero desde Planeta Triatlón creemos que este nuevo formato poco ayuda a promover el espectáculo del triatlón. Sí, puede que sea más democrático al dar la opción a más triatletas a participar en una Copa del Mundo, pero cara al espectador no es atractiva en absoluto, e incluso para los élite más destacados puede suponer algún problema.

Partiendo de la premisa de que aún no hay más datos sobre la estructura que los aportados en la nota de prensa de la ITU, vemos los siguientes inconvenientes:

  1. Cara a los triatletas: aquellos que entren en la prueba final se verán o con ventajas de haber tenido más descanso que otros, o menos, en función de si han salido a la calificación entre los primeros, o entre los últimos. A la intensidad en que se corre un triatlón sprint, cada minuto de descanso posterior es vital. Si por puesto en la calificación tienes media hora de ventaja más que tus rivales -por decir una cifra- estás en clara ventaja para la prueba posterior.
  2. Cara al espectáculo: como espectador, una o dos horas de calificación en la que no ves a los corredores dentro de un contexto, compitiendo los unos con los otros, no parece a primera vista muy atractivo. Si además la prueba final en la que sí compiten dura apenas quince minutos -si llega-, estamos hablando de un bluff cojonudo.
  3. Cara a las televisiones: no es un formato atrayente, sin duda. La calificación, con muchos corredores que no están entre los más destacados de los élite, puede hacerse aburrida, y la prueba final es demasiado corta como para que merezca la pena emitirla.
  4. Las transiciones: ¿qué importancia toman las transiciones en una prueba que dura quince minutos? una auténtica barbaridad, cualquier error de cinco segundos, te deja fuera de las opciones de llevarte la victoria.

Así a priori, no nos llama mucho la atención, pero doctores tiene la santa madre iglesia que habrán pensado más que nosotros. Esperemos que Maribel Casado y sus chicos no se equivoquen. Hay que reconocer que en 2013, la última vez que la Copa del Mundo pasó por Kitzbühel nos ofrecieron un espectáculo cojonudo, con un puerto de montaña en el segmento de bicicleta que se las hizo pasar de todos los colores: Alistair Brownlee, vencedor final, le metió tres minutazos en meta a Javier Gómez Noya, para que os hagáis a la idea.

ITU Kitzbühel