Michael Phelps es el deportista olímpico más laureado de la historia, con 23 preseas de oro, tres de plata y dos de bronce a lo largo de cuatro Juegos Olímpicos -entre Sidney 2000 y Río 2016-. Ya sabéis que en Planeta Triatlón su figura nos encanta, pero no solo por la belleza que emanaba en cada brazada, si no también por la concepción que tuvo a lo largo de su carrera del significado del sacrificio, el entrenamiento y la disciplina. Está claro que para ser el mejor nadador de todos los tiempos necesitas unas cualidades innatas, pero el trabajo es fundamental.

En un podcast con Tony Robbins, él mismo ha recordado cómo de intensas llegaban a ser sus sesiones de trabajo. «He llegado a acumular 75 sesiones de entrenamiento en 24 días«, ha comentado. «En ese momento fui consciente de la mejora porque no nos tomábamos ni un día libre«.

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Esta semana, en esta misma línea del sacrificio a la hora de entrenar, nos hacíamos eco de otras entrevista en la que Phelps reconocía que durante seis años no se saltó ni un solo entrenamiento. «En natación, si faltas un día, te lleva dos recuperar el punto en el que estabas«, reconocía. Como deportistas esta idea nos tiene que llevar a ser conscientes de cuán duro es mejorar unas milésimas. Y es que mejorar nuestro tiempo no solo es hablar de la técnica, o de acumular largos. También se trata de tener la suficiente disciplina como para asumir que los entrenamientos de natación hay que llevarlos a cabo, que no «por ser el segmento más corto» de los tres que componen un triatlón, hay que prestarle más interés.

¿Quieres mejorar la natación?

En primer lugar, nada lo suficiente. Haz caso a Michael Phelps y pasa tiempo en la piscina. Básicamente porque te ayudará a mejorar la natación, sí, pero también porque por el entrenamiento cruzado encontrarás beneficio en tu desempeño como ciclista y runner. Si quieres nadar en tiempos cercanos a una hora en Ironman, deberías de estar haciendo del orden de nueve o diez kilómetros a la semana de natación.

Por otro lado, entrena también en aguas abiertas. Ya hemos dicho en muchas ocasiones que nadar en piscina tiene poco parecido a hacerlo en aguas abiertas, donde hay que lidiar con corrientes, orientación y distintas temperaturas. Necesitas distinta cadencia de braceo y una postura distinta al respirar. Y sólo lograrás mejorarlo entrenando.