En 2003, tras el fallecimiento del ciclista kazajo Andrei Kivilev durante el transcurso de la segunda etapa de la Paris – Niza, la UCI estipuló la obligación de usar el casco durante cualquier competición. Desaparecía así de las carreteras la famosa e icónica chichonera que había acompañado al pelotón durante varias décadas.

En estos quince años, el casco ha ayudado a salvar muchas vidas, tanto de profesionales como de aficionados. Pero ha llegado una nueva etapa en la que, para bien, el casco podrá prestarnos protección más allá del momento del impacto. Y es que la tecnología MIPS, diseñada en Suecia, ya se ha instaurado definitivamente en el grosso de marcas fabricantes.

Gracias a ella, los cascos de las principales enseñas cuentan con una nueva capa interior que permite que la externa deslice, absorbiendo parte del golpe. Según los estudios realizados, permite reducir hasta en un 40% la aceleración de rotación de la cabeza al impactar con el asfalto.

Pero hay más. Ayer Specialized enviada una nota de prensa a los medios hablando de otra nueva tecnología que, unida a la MIPS, puede incidir de manera muy importante en reducir el ratio de accidentes graves. Según la marca norteamericana, sus cascos comenzarán en breve a contar con un sensor, denominado ANGi (Angular and GForce indicator, por sus siglas en inglés), que ayudará a proteger también después del accidente.

MIPS ANGi

Foto: Specialized

Cómo funciona el ANGi

Ahora el casco, además de un elemento protector, se convierte en un dispositivo de seguimiento real, un detector de impactos y una baliza de seguridad, que nos mantiene en conexión con el exterior. Gracias al sensor, que cuenta con un acelerómetro y un giroscopio, se miden una serie de fuerzas transmitidas durante el impacto, así como las fuerzas de rotación dañinas producidas en accidentes en los que el casco no recibe impacto.

¿Qué es lo mejor de ANGi? Pues que en caso de quedar inconscientes o debilitados, enviará automáticamente una alerta a nuestra lista de contactos.