El jueves pasado, John Gilmour, una de las leyendas del atletismo australiano por su inspiradora historia como prisionero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, moría a los 99 años debido a un ataque al corazón. Gilmour mantuvo una envidiable forma física hasta el momento de su fallecimiento. Una historia de esas que ponen los pelos de punta y que demuestran la pasta de la que están hecho muchos corredores.

Gilmour sobrevivió durante 18 meses en la Prisión de Changi, en el extremo oriental de Singapur, donde se estableció el campamento japonés de prisioneros de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Allí se concentraron los prisioneros aliados capturados en Singapur y Malasia después de la caída de Singapur en febrero de 1942. Permanecería, además, dos años en Japón, tras ser detenido. Tras tres años como prisionero, se quedó demacrado y perdió la vista por desnutrición. Pensar en su familia y la pasión por correr es lo que le mantuvo vivo entre tanto dolor y desesperación.

John Gilmour

La carrera, su pasión

“Creo que es lo que me mantuvo vivo como prisionero de guerra”, dijo. “Tenía en la mente que quería volver a Australia porque había quedado segundo en el primer campeonato estatal de las 10 millas. Quería volver para ganar”.

A su vuelta a casa, extremadamente delgado, Gilmour se convirtió en uno de los principales impulsores de la comunidad deportiva en Australia Occidental. En un año ya había ganado el título estatal de las 10 millas. Gilmour no vio razón para dejar el atletismo. En realidad, sus objetivos habían cambiado. “Descubrí cuánto puede soportar el cuerpo humano como castigo y creo que eso fue lo más importante”, dijo Gilmour. “Cuando se trata de sufrir, sabía que podía conseguirlo.”

Después de fundar el Canning Districts Athletics Club en 1950 y el WA Marathon Club en 1970, viajó a América con un amigo para correr en el US Masters Championships. Gilmour ganó los 5.000 y 10.000 metros, batiendo dos récords del mundo. Las décadas siguientes estuvieron llenas de campeonatos mundiales para Gilmour, que dominó desde los 800 metros hasta la maratón.

En 1978 Gilmour corrió una maratón de 2 horas y 38 minutos en Perth (3’44″/km) y otraen  2 horas y 40 minutos seis semanas más tarde en Canberra a la edad de 59 años, que era un tiempo de clasificación olímpica en aquella época.

Cuando Gilmour cumplió 99 años este año, el Sunday Times le preguntó qué iba a hacer para celebrarlo. Su respuesta: “Ir a correr” y luego ir a cenar a Fremantle, una ciudad cercana a Perth.