Ayer era día de descanso en La Vuelta, así que hubo ruedas de prensa. En la del Equipo Movistar estaban el actual líder de la carrera, el colombiano Nairo Quintana, y Alejandro Valverde y Eusebio Unzue secundándole. Hablando de potenciómetros, Nairo no se cortó: «Para la competición deberían estar anulados«, en clara alusión al británico Chris Froome, que guía sus designios en carrera al aparatito de marras.

Alejandro Valverde dio la razón a su jefe de filas: «Yo pienso igual que Nairo y Alberto. Para entrenar está muy bien, pero para una preparación de una carrera. Para lo que es competición no, la competición es competición. Es donde te dejas guiar por sensaciones y ahí está el espectáculo «.

Para quienes leáis este artículo supongo habrá sentimientos encontrados. Por un lado habrá quienes defiendan la opinión del Equipo Movistar, basándose en que supuestamente elimina el espectáculo en el ciclismo y deja todo en manos de cifras y estudios previos, y habrá gente que opine, como ocurre en Planeta Triatlón, que los potenciómetros son una etapa más en la evolución del ciclismo y que como tal hay que asumirla. Quizás es que para un triatleta las nuevas tecnologías siempre suponen mejoras en su rendimiento, quizás estamos psicosomatizados de partida y no somos objetivos.

nairo quintana

Foto: AFP // Jaime Reina

Porque una pregunta: ¿Acaso los pinganillos, esos de los que Nairo y Alejandro hacen tanto uso, no restan espectáculo? En el número de Volata de este mes de agosto, dedicado a los entrenadores, se habla de cómo ha cambiado el papel de los directores de equipo a lo largo del tiempo. Ahora al acabar cada etapa se tienen que sentar a analizar los datos facilitados por el potenciómetro, ver cómo están sus chicos y luego en carrera dar órdenes basadas en todo el big data proporcionado por la nueva tecnología. Antes era más un trabajo de psicólogo, de líder, que palpaba las sensaciones de cada corredor y actuaba en consecuencia.

Esa mística se ha perdido. Pero es un proceso que no ha llegado con los potenciómetros, en absoluto. Llegó mucho antes, con los avances, que -recordemos- los ha habido desde el inicio de los tiempos. En 1985 nadie llevaba pedales automáticos. Hasta que llegó Bernard Hinault. Y ahora sería impensable hacer una CRI sin acoples de triatlón, pero hasta Greg Lemond a nadie se le ocurrió. Y el cambio automático. Y el plato ovalado. Y el carbono. ¿Se imaginan Nairo Quintana y Alejandro Valverde luchando por la clasificación general con una bicicleta de aluminio? No, seguro que no.

Cada uno utiliza las armas, siempre desde la legalidad, que mejor le convienen. A Chris Froome le viene bien confiar en la tecnología. A Joaquim Rodriguez le fue de perlas tirando de corazón y de coraje. A Nairo y Valverde les va muy bien trabajando como pareja el uno al lado del otro, planteando siempre una estrategia al unísono, tal como puede ser el caso de los Brownlee en triatlón. Y Nairo dio un espectáculo maravilloso el lunes en los Lagos de Covadonga, y ahí llevaba el potenciómetro, en el manillar. En su mano está guiarse por él o no. Y nadie se lo discute.