Dice un estudio de la farmacéutica Novartis que en España hay, al año, 80 millones de casos de gripe y resfriado. Es decir, cada españolito de pro salimos a dos gripes cada 365 días. Ya son. Pues bien, si eres triatleta y tienes que entrenar tus dos o tres sesiones de natación semanales como un bendito, es mas que probable que esa media de dos procesos gripales al año pasen a ser unos cuantos más.

Porque sí, en la natación el resfriado está por desgracia a la orden del día. De hecho hay otro estudio que dice que los nadadores tienen entre un cincuenta y un setenta por ciento más de posibilidades de pillar uno.

Y claro, entonces surge una duda: si un resfriado nos tiene de media unos cuatro días fastidiados, ¿qué hacemos, seguimos entrenando o nos quedamos en casa bajo la mantica y con el termómetro en la boca?

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La respuesta no es sencilla. Depende de los síntomas, de la severidad del ataque gripal. Que estás sufriendo el ébola, pues sí, mejor quedars en casa. Que es un resfriado común, pues la cosa se pone difícil.

¿Es entrenar enfermo peligroso o me va a poner aún más enfermo?

 De nuevo, depende de los síntomas, pero un estudio hecho en la Ball Stone University demostró que el ejercicio de intensidad leve no modificó la gravedad o la duración del resfriado, ya sea para bien o para mal. Thomas Weidner, responsable del estudio comprobó que una sesión de cuarenta minutos al 70% de frecuencia máxima ayudó a que los participantes -griposos- se sintiesen mejor, pero sin que realmente tuviese resultados positivos en la gripe en sí.

No obstante, quizás sí que merece la pena hacer un poco de ejercicio moderado porque puede notarse mejoría en la nariz y la congestión y en el dolor de garganta.

Por otro lado, Neil Walsh, de la Universidad de Bangor, demostró que un deportista enfermo puede participar en entrenamientos de alta intensidad, dado que -al contrario de lo que se pensaba- la respuesta inmune no se ve afectada. Vamos, que por muy quejosos que estemos, zapatilla podemos seguir dándole.

En su estudio, aquellos que hicieron treinta minutos de ejercicio al 80% de intensidad no tuvieron síntomas de reducir su sistema inmune. En cambio, otros participantes que hicieron dos horas de trabajo continuado más cómodo, sí que notaron una caída en sus defensas.

A tenor de ambos estudios, podemos decir que el entrenamiento no va a afectar para bien o para mal a nuestro resfriado, independientemente de que sea de alta o de baja intensidad.

¿Pero debo entrenar si estoy enfermo?

Ah, eso ya es otro tema. Conociéndonos, muchos de nosotros no nos saltamos un entrenamiento ni estando a punto de perder un brazo, y de igual manera hay entrenadores, quizás demasiado estrictos, que al menor síntoma de enfermedad te mandan a casa echando virutas. Pero entonces ya cada uno es quien tiene que decidir qué hacer: si estás moqueando constantemente, si no paras de estornudar, si sientes que no tienes fuerzas para continuar el ritmo de tus compañeros y más que una ayuda eres una rémora… Quizás lo mejor es quedarse en casa kleenex en mano.

Si por el contrario piensas que a tus compañeros les da igual, o tienes la suerte de poder coger un carril en el que no estén ellos… Pues oye, adelante, a entrenar como un campeón.

Sea como sea, ya sabes, actúa con lógica.