¿No progresas físicamente igual que otros compañeros que siguen tu mismo entrenamiento? ¿Compartes sesiones a diario con alguien pero él cada día va más rápido que tú? ¿Si entrenáis con el mismo plan pero le mejora no es la misma que estás haciendo mal? ¿Por qué no mejoro? Te preguntarás.

Seguro que conoce algún caso. Hay personas que parecen responder mejor que nosotros al ejercicio aeróbico o al entrenamiento de fuerza. Se trata de esos compañeros cuya condición física aumenta más rápido que la nuestra o que asimilan mejor entrenamientos intensos. ¿Por qué un entrenamiento funciona mejor para unos que para otros? Según los científicos del Joslin Diabetes Center, el centro de investigación de diabetes más grande del mundo, la respuesta puede ser un «cambio» molecular.

«Hemos identificado una ruta biológica activada por ejercicio que no se ha estudiado en absoluto», dice Sarah Lessard, Doctora en Investigación en la sección de Investigación Clínica, de Conducta y de Resultados de Joslin.

Al estudiar animales de laboratorio y humanos, Lessard y sus compañero descubrieron que una proteína llamada c-Jun N-terminal kinasa (JNK) ayuda a determinar la respuesta al ejercicio. Es decir, si esta proteína se activa durante el ejercicio, ayuda al crecimiento del músculo esquelético. Por el contrario, si no lo hace, los músculos mejoran su resistencia y la capacidad aeróbica.

«Es como un interruptor», comenta Lessard. «Si el interruptor está encendido, habrá crecimiento muscular. Si está apagado, se producirá una adaptación a la resistencia por parte del músculo».

Sin embargo, este interruptor no funciona igual en todos. «Si cien personas realizan exactamente el mismo programa de entrenamiento aeróbico, algunos tendrán grandes mejoras en la capacidad aeróbica, y algunos tendrán poca o ninguna respuesta», dice Lessard. Su laboratorio en Joslin estudia las señales biológicas que le dicen a un músculo que se adapte a la capacidad aeróbica o al crecimiento muscular.

Lessard y sus compañeros comenzaron su estudio con ratones que habían sido genéticamente modificados para eliminar la producción de JNK en sus músculos. En comparación con los ratones normales, los investigadores encontraron que los ratones sin JNK tenían un aumento mucho mayor en su capacidad aeróbica, además de mayores niveles de vasos sanguíneos y aumento de un tipo de fibra muscular especializada en proporcionar resistencia.

Tras esto Lessard llevó a cabo una investigación en colaboración con Vernon Coffey, profesor asociado de ejercicio y ciencia del deporte en la Universidad de Bond en Gold Coast, Queensland, Australia, con  pruebas en voluntarios humanos sanos. Los resultados del grupo de Coffey mostraron que el JNK se activó en la casi todos los entrenamientos de fuerza. Por el contrario, y de forma general, no se activó cuando los voluntarios realizaron pruebas de resistencia.

Pero una minoría significativa de sujetos mostró cierta activación de JNK durante el ejercicio de resistencia. Es decir, si alguno de nosotros sufre la activación de dicha proteína en la musculatura de la piernas durante nuestros entrenos, la mejora de la capacidad de resistencia se verá afectada. Por lo tanto, esta activación podría evitar adaptaciones de resistencia, y podría explicar por qué algunos compañeros responden mejor que otros al mismo entrenamiento.