Nunca sabes si te gusta el triatlón hasta que lo pruebas. Y entonces, ya estarás perdido y no habrá vuelta atrás.

Muchas veces «la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas». Y esta frase tan genial no puede ser mía, por supuesto, sino del señor Steve Jobs. Si este concepto es aplicable a cualquier entorno digital, lo mismo aplica para el concepto triatlón. ¿A que nunca sabes si algo te va a gustar hasta que lo pruebas?

Vale, y me dirás, ¿cómo gaitas una persona normal y corriente se convierte un buen día en triatleta? ¿Te acuestas sedentario y te levantas triatleta, o cómo va esto? ¿Te vas a la cama como corredor y un día decides ser ciclista y nadador? Pues va a ser que no. Ser triatleta es un proceso interior que vas asimilando poco a poco hasta que un día tiene lugar el «despertar de la bestia que llevas dentro» y no tienes más que remedio que probarlo. Si es así, te recomendamos una prueba abierta a todo tipo de triatleta (desde el más inexperto que quiera probar este deporte, hasta el más veterano que quiera competir al máximo nivel), como puedan ser las Santander Triathlon Series.

5 motivos para decidirte a probar el triatlón:

El trimono

Probablemente sea uno de los objetos de culto de todo triatleta, junto con la medalla y mochila de finisher en la media y larga distancia. El trimono que tantas veces has visto en tus amigos y compañeros a través de sus redes sociales y que, en el fondo, ansías tener. Es como el mono de vuelo de un piloto de los que usaban en Top Gun. Solo tienes que enfundarte en él, y te conviertes en un superhéroe. Y si ya pusiera Maverick, como nickname, ni te cuento lo que te hace sentir.

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La sensación de andar como Robocop al pasar de la bici a la carrera

Uno no puede dejar este mundo sin conocer esta sensación por la que todos hemos pasado. Puedes ser corredor, puedes ser ciclista, pero si no has probado el duatlón o el triatlón no sabrás lo que es la sensación muscular de pasar de una bici a tener que empezar a correr como si fueras un robot. ¿Vas a perdértela?  Lo bueno es que, como todo, se entrena. Y entrenando, se hace mucho más llevadera.

El buffet de la meta

Ese momento en el que atraviesas la línea de meta más muerto que vivo, con la boca seca, rozaduras y dolores musculares por todas partes… ¡es el momento del buffet libre de meta!

¡Bebidas isotónicas por doquier, plátanos, manzanas, sandía, cacahuetes, higos chumbos! Cualquier cosa que llevarte a la boca, aunque sea un polvorón. No pedimos gambas ni langostinos, mariscos ni fiambres, solo queremos comer algo que no sean más barritas ni geles.

Las redes sociales

No hay verano sin sol ni triatleta sin redes. Por una parte está la rutina que te haya puesto tu entrenador, y por otra la que tú debes subir a las redes sociales. Lo importante es salir guapo, bien musculado, cara de “estoy cansado, chata, pero podría hacerlo otra vez”, pulgar arriba y número de kms acumulados. Y si encima acompañas la imagen con una de las frases motivadoras míticas, ya lo has petado.

Foto: strava.com

Foto: strava.com

Vivir el streaming de Kona como si fuera la final de la Champions

Quien no sienta la sangre del triatlón correr por sus venas nunca podrá disfrutar de un streaming viendo Kona. Es lo más parecido a vivir en directo una final de Champions, pero sin tener que decantarte por uno de los dos equipos. Aquí hay varias preferencias y muchas horas para disfrutar. Horas por delante para discutir con tus amigos si esta cabra es mejor que aquella o si las zapatillas que lleva tal o cual tienen más drop o menos y eso le va a impedir hacerse con la victoria.

kona box transición

Foto: trimarket