Hace unas semanas, meses antes de su celebración, el Ironman de Barcelona agotaba dorsales. Hoy estaba echando un vistazo al twitter de la gente de KM0, el Ironman de Madrid, y van a un ritmo vertiginoso de venta. Yo tuve que comprar el de Frankfurt 2015 pasados dos días de la finalización del de 2014. ¿Qué coños nos está pasando? ¿Nos hemos vuelto locos? ¿Somos demasiados enfermos para tan pocas pruebas?

No tengo ni puta idea, pero el tema es para estudio. Estando en el curso de entrenadores de triatlón me enteré de que en españa hay ya 25.000 licencias federativas (distribuidas en apenas 900 clubes). Pocas me parecen, comparadas con otros deportes. Algún ejemplo:

  • Fútbol: 855.000
  • Baloncesto: 400.000
  • Caza: 350.000
  • Golf:  294.000

Estos serian los cuatro deportes con más licencias. Pero es que por ejemplo hay más licenciados en vela, boxeo, patinaje o hípica. Es decir, hay muchos deportes por encima, pero creo que exceptuando a los más populares, pocos deportes muevan tanto dinero como el que puede mover el triatlón en España. Porque asumámoslo, el nuestro es un vicio caro que te cagas. Vestimos ropa cara, pulsómetros caros, bicicletas recién salidas de la NASA, y nos dejamos una panoja inusitada en dorsales.

Normal que las empresas de eventos, que hasta ahora habían encontrado el filón en las carreras populares, ideales para el cliente target de Decathlon, giren sus cabecitas hacia el triatlón. Quien más quien menos corre cuatro o cinco pruebas a lo largo del año, y estamos hechos de una pasta que nos impide encontrar diferencia entre un dorsal de 70 euros y uno de 140 si el nombre de la prueba o el recorrido nos resulta interesante. Vamos, que el precio no es atributo de compra, dicho en términos marketinianos. Si nos da igual cuánto cuesta un ironman, qué nos va a importar lo que valgan un sprint o un olímpico, por dios.

¿Y hacia dónde nos lleva esto? Pues ni idea. Hace unos días ponía a parir el Triatlón de los emprendedores ese que se han inventado en Madrid, pero por otro lado estoy encantado de que la franquicia Ironman no pare de dar noticias de nuevas pruebas (esta semana, otras dos). Es un poco injusto por mi parte, lo reconozco. Supongo que de aquí en un tiempo la oferta, que no para de crecer, se dará cuenta de que no hay demanda suficiente, y ambas rectas se encontrarán en un punto intermedio: desaparecerán pruebas y bajarán precios. Pasará, salvando las distancias, lo mismo que con los festivales indies.

Terminaremos volviendo a las pruebas tradicionales, y aquí paz y después gloria, y los que llegaron con la moda, dejarán la bicicleta en el trastero, o la pondrán a la venta para no ganarse broncas en casa, y santas pascuas.

Y seguirán estando los enfermos de siempre. Entre los que me espero contar, por supuesto.

¿Qué os parece? ¿Tenéis la misma sensación?