La cabeza lo es todo. En la vida y en el deporte. Por Brenda Martín.

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Seis meses de lesión (fractura de pubis) sin poder correr y tres meses de entrenamiento intenso en cuanto el dolor me dio el alta. Hace años que son mi cuerpo y sus dolores quienes marcan mi vida deportiva, no los informes médicos 🙂

Junio y Julio entrenando fuerte para una prueba durísima llamada Oravaman y que tiene lugar en Eslovaquia. Muchas semanas subiendo puertos sin parar, luchando contra las montañas (la prueba es de montaña, con un desnivel de 2.000 mts si no recuerdo mal).

Muchas semanas aprendiendo a correr en montaña porque los 21 kms de Oravaman son de trail, empezando en lo alto de una montaña imponente, en una estación de esquí donde está situada la transición.

Entregas la bici y te señalan una pared de montaña diciendo “por ahí!”; pared que solo se puede subir caminando, ya nos lo dijo Marcel Zamora la víspera cuando fuimos con él a visualizar recorridos.

Hasta el 20 de julio, fecha de la prueba. Oravaman. ¡Qué gran día!

7 horas y 37 minutos disfrutando sin cesar, comprobando cómo mi bici – y después mis piernas -iban tragando kilómetros sin sufrir. Muchas horas diciéndome a mi misma “Venga, Brendita, que gozada! Disfruta que has trabajado duro para esto!”

Muchos kms sintiéndome fuerte, sabiendo que estaba entrenada, que tanto mi cuerpo como mi cabeza iban a disfrutar de ese paisaje inigualable. Una gran prueba en un gran viaje sensacional – y muuuuy divertido – con mi grupo de entrenamiento, el NS team: amigos, compañeros, pandilla única.

Y llegó Agosto. Las vacaciones.

Cada día a las 07:00 en pie y a las 08:00 en la calle entrenando. Bici o carrera. El agua se me resiste más; En Cádiz es fría y hay muchas corrientes. Excusas perfectas para una indolente como yo 🙂 Sin esfuerzo. Me gusta entrenar. Me gusta la “dulce agonía”, ese sufrimiento para mejorar un poquito cada día.

Y llegó el 30 de agosto. Día del Campeonato Mundial de Medio Ironman, prueba para la que resulté clasificada dos semanas después de cumplir 46 años, por el resultado del Medio Ironman de Lanzarote 2014.

Austria. Región de Salzburgo. Zell am Zee se llama el pueblo donde la prueba tuvo lugar. Y me asusté. Me asustó la envergadura de la prueba. Me asustaron los 3.000 atletas llegados de todo el mundo con unas bicicletas y unas equipaciones que cegaban la vista.

Me asustó ser la única con una bici normalita que ni siquiera lleva acoples 🙂

Me asustó pensar que ese no era mi lugar, que esa prueba no era para mí.

Me sentí pequeña. Me sentí frágil.

Me acompañó González, a quien yo llamo “el hombre con el que vivo”, pero que es muchas cosas más: es marido, padre de mis cuatro hijas, supporter y maravilloso compañero de vida.

Aparecieron de sorpresa David y Alex, compañeros del NS team. Entre los tres me hicieron sonreír y superar algunos malos ratos como el destrozo que causó Iberia en el traslado de la bici: manetas de cambio y freno machacadas. Caían los pedazos. Hubo que buscar reparacion de urgencia (con “precio de urgencia” que espero Iberia me reembolse).

Y salí. Y competí. Y formé parte de una experiencia única en la vida.

Miles de imágenes.
Miles de sensaciones.
El estómago encogido.

Alex, David y González al otro lado de una valla sonriendo y dándome fuerza, energía. Gritando con pasión en la transición del agua a la bici.

Lamentablemente, nada lograba quebrar esa capa de miedo que se pegó a mi piel desde que llegamos a Zell am Zee.

6 horas y 5 minutos de carrera.

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Un recorrido en agua muy agradable, muy sencillo, con excelente visibilidad de boyas y meta.

Un recorrido en bici hermoso, pasando por pueblos y montañas espectaculares. Recorrido en el q me pilló por sorpresa un puerto de 13 kms bastante duro. Todavía recuerdo mi desconcierto al ver, en una curva, ese cartel que decía “13 kms a la cima” “¿La cima? ¿De qué cima habla?”, recuerdo que pensé.

Muchas personas bajando de la bici para afrontar el último km. Demasiado sol y demasiada pendiente. Yo luchaba y pedaleaba.

Adelanté a bastante gente que, en la bajada, me pasó a toda velocidad (doble error mío: no estudiar el recorrido y no saber trazar bajadas. ¡Algún día tengo que aprender a soltar el freno!) Se me hicieron eternos esos 90 kms. Me dolía la planta de los pies.

En el km 50 aprox mi cabeza se enturbió con pensamientos raros de retirada, de “yo no puedo más, yo prefiero parar”, algo que nunca me había sucedido en los cinco Half Ironman completados hasta ese día.

Y llegó la carrera a pie. Un caminito junto al lago. Por fin teníamos sombra. Por fin veíamos gente, público.

Ver a González, muy sonriente, agitando la banderita de España que había yo comprado en Chiclana 🙂 fue una alegría.

Brenda

Saber q David y Alex iban en el coche camino del aeropuerto. Cómo agradecerles un viaje sorpresa de 24 horas solo para darme ánimos, para compartir conmigo ese día que yo no supe disfrutar porque mi cerebro se asustó.

En la carrera, pasado el km 3, decidí disfrutar. Decidí que ya estaba bien de lloriquear y que estaba a punto de acabar. Que correr ha sido lo mío durante los últimos diez años.
Que mis piernas podían con eso y con mucho más.

Y corrí. Y disfruté mucho.
Y sonreí cuando vi a González corriendo – literalmente –  para llegar a meta y recibirme allí.

Brenda

Y sonreí porque sabía que todos aquellos a los q había pedido energía ese día me la estaban enviando.

Meta. González allí entregándome la bandera y yo, por fin, disfruté.