¡Va de retro psicólogos! No esperen encontrar aquí ninguna fábula (sí, hay mucho animal) que explique cualquiera de esos complejos, como llama mi abuela a los Corn Flakes, de Edipos, Elektras o demás. Esto solo pretende ser un relato divertido, a la par que inspirador. El escenario, es el triatlón que cada año se celebra en la zona residencial pija de Gavá, tocando a la playa y residencia de mucho astro del balompié blaugrana.

Todo empieza más o menos así:

¿Y qué dices qué tienes este domingo?

El triatlón de Gavá de todos los años papá.

Ah, ya ¿Y a qué hora empezareis a dar por saco con las calles cortadas? ¿A las 8:00h de la mañana? ¿Pero eso es muy pronto, no? Aún es de noche… ¡Tranquilo hijo! Yo te llevo.

No, si tranquilo estoy… Y todos los años voy yo en bicicleta hasta allí. Total, desde casa son 10’ en bici.

¡Qué no, qué no! ¡Qué te llevo y me quedo a verte!

Así fue como, metiéndose en la boca del lobo, sin darse siquiera cuenta, mi padre se comprometía a más cosas que Dorian Gray por su inmortalidad.

El triatlón de Gavá se celebra cada año por estas fechas. Y aunque ha sido novia de muchos patrocinadores diferentes, siempre ha mantenido el mismo, o muy similar, recorrido. Este año pretendía participar en la distancia olímpica. Qué básicamente, es el mismo circuito de la sprint, pero con las repeticiones pertinentes para alcanzar las distancias reglamentarias. Bueno, de reglamentarias tuvieron poco… La única variación sustancial que noté, fue que este año, los boxes no estaban compensados. Mi suposición es, que al añadir una fila más de boxes, se comieron el espacio que normalmente se utilizaba para pasar en bici y compensar así la distancia. No sé si el objetivo era tener más espacio para los participantes o poder encajonar a más atletas. Mi sensación es que, como mínimo, el espacio disponible para bicis, era generoso, cosa de agradecer.

Domingo, 6:00 de la mañana. En absoluto silencio, me levanto, defeco, orino, me hidrato, me como un plátano, orino de nuevo, y preparo todo el material. Boxes abiertos de 6:30h a 7:30h. Estamos a cinco minutos en coche. Las 6:57 y mi señor padre en calzoncillos y en la cama. A primera hora y ya con el estrés a cuestas. Un entrar fugaz y un grito certero, lo hacen ponerse en pie. Ya subidos en el coche, las 7:10, y como buenos días:

¿Dónde vamos tan pronto?

El box lo cierran a las 7:30 y son las 7:10, date vida, que tengo que preparar bici aún.

Vamos sobrados… Estos de la organización no tienen ni puta idea. Qué ganas de joder a la gente. ¿Qué tardarás? ¿Dos horas? Pero si a las 10 ya lo tienes todo hecho, ¿por qué no lo hacen más tarde? Con solecito…

Mi padre descubriendo el mundo de la organización del triatlón. Apunten señores organizadores: madrugar no mola. Preparar boxes en la penumbra del amanecer queda muy bien en el video recopilatorio anual de Kona, pero da bastante por saco al mortal que no está en Hawái si no en Gavá Mar.

Apúntense otra cosa. Si dicen que los boxes cierran a las 7:30 , háganlo. Porque si no, la sensación que se le queda a uno de ser gilipollas por querer ser más papista que el papa, hace que otras veces tires más del cojonciano y nos demos menos prisa.

Mi padre desconocía que además de mi distancia, se celebraban n-mil distancias más. La consabida Sprint, que vale, hay series mundiales también, pero… ¿súper sprint? ¿Triatlón para la mujer? Lo de la distancia súper sprint, si no es para chavales, me parece ya de recochineo. Si tu condición física no te da para hacer una distancia Sprint, eh! No pasa nada, no todo el mundo tiene que hacer triatlón, igual que no todo el mundo puede llegar al último estante de la cocina, o no todo el mundo puede leer los letreros de los bares sin gafas. Y lo de la mujer… no hay nada que me indigne más que inventarse objetivos comerciales utilizando la misoginia de esa manera. Si en el maratón de New York, resulta que ya hay más inscritas que inscritos, sin necesidad alguna de montar una categoría especial para ellas, porque ni son más débiles, ni corren menos, ni tienen patologías rarísimas, ni enfermedades contagiosas ni nada de eso; pues si hay más tías que tíos corriendo el maratón sin necesidad de publicitar “especial para chicas”, ¿porque narices las tenemos que considerar un grupo a parte aquí? Sobre todo, después de ver cómo nos cantó las cuarenta la primera triatleta en el sector de la bici, en fila de uno nos puso. Hasta que reventó las dos ruedas a la vez.

Mientras preparo la bici, dorsal 42, veo que el dorsal 41 está vacío, ya a última hora. Genial porque si no viene más espacio tendré para explayarme con el neopreno, guantazo arriba, patada abajo, ¡a ver si sales hijo del demonio! Mientras tanto, mi padre va resiguiendo la valla que nos separa, cual visitante al zoo va a observar a los chimpancés.

¿Ya te acordarás de dónde has dejado la bici?

Cabe decir, que aunque repatee, el hombre tenía razón, no es la primera vez que le doy dos vueltas al box por fuera, gritando el nombre de mi bici, a ver si alguien la había visto. Pero esta vez sí. Os voy a machacar mamones, y mi bici está justo delante del letrero IN3 al final del box.

De camino para la playa, ya clarea el día. Un circuito de natación a una sola vuelta, lo que quiere decir, 4 boyas puestas lejos las unas de las otras, con unos globitos encima. Distancia larga entre boya y boya en mi caso quiere decir: ¡vas a nadar más metros que la mayoría chaval!

Ui, cuanta gente en el agua. ¿Qué hacen esos tontolabas si aún no ha empezado la carrera?

Pues calentar un poco, hombre…

¿Pero si el agua tiene que estar muy fría, no? Yo no me meto ahí ni que me paguen…

Pues no, resulta que hasta el neopreno sobra, porque el agua está de piscina de iniciación de niños un Julio a media mañana. Pero si la gente lleva neopreno, yo también. Aunque se me carguen los hombros y me cercene el cuello.

Después de despedirme de mi progenitor, entramos en el cuadrilátero, echamos la meadita de rigor, y al agua patos. Pues lo de siempre, hombros cargados, respiración entrecortada, paso de mirar la boya, me voy mirando al de al lado que así no pierdo flow… Y se me hace un poco largo. El ritmo, no sé si es bueno o es malo. El primer nadador sale del agua en 20’13”. En el puesto 56, con 26’12” salgo yo. Vamos saliendo de uno en uno, sin apelotonarse. La transición es larga, así que intento aprender de un referente en la T1, Miquel Morales, y esprinto el tramo a pie. Con cuidado, porque el pasillo que nos han dejado a los primeros números del box está salpicado de baldosas en mal estado, con raíces asomando, perfectas para pegarles un buen puntapié y romperse los cinco dedos simultáneamente.

Una T1 nefasta. No me he puesto aceite, oh papi que rico, y la pernera del chip se resiste. Decido quitármelo a lo bruto, pero se resiste aún más. Hago más fuerza que en toda la natación. Finalmente sale. El dorsal 41 a mi lado, sí que ha venido finalmente, y me ocupa un espacio precioso que no me permite espachurrarme. Resulta que además es de mi propio club, y yo sin saberlo. Y ni lo veo de lo por faena que voy. Ni verlo, ni saludarlo, ni desearle suerte. Con la bici en la mano, las gomas de las zapatillas se rebelan, y éstas empiezan a girar libres en los pedales. Perfecto para afrontar la salida de la T1 en Gavá, que creo que está hecha especialmente para joder. Se sale a una rotonda, la cual encara un puente que pasa por encima de la autovía. Es decir, sales en subida. Y con las zapatillas por allí ondeando al viento, tengo que subir como puedo, en dos fases, subir el puente sin haberme calzado aún. Ya lo ven, nefasta es poco.

Del circuito de bicicleta hay poco que decir. Son un par de rectas, de ir y venir, donde los pelotones se cruzan, hay zonas con agujeros importantes y alcantarillas asesinas, y los arcenes están sucios. Tan sucios, qué como decía antes, este año la primera chica pinchó las dos ruedas al pasar por una madera. Y hace dos años detrás de mí hicieron el afilador y un chaval voló por los aires. En la bici voy muy sobrado. Tanto, que en los relevo me escapo de mi grupo. Pero la natación me condena, y no tiene ningún sentido hacer una lucha en solitario. Así que más o menos vamos todos juntos hasta el final. En un grupo de unos 20 triatletas, solo le veo el culo a 3. El resto del grupo, cómodamente a rueda, sin decir ni esta boca es mía. De hecho, te das cuenta de que van ahí, porque cuando se empieza a llegar a la T2 aparecen todos de golpe.

En cada una de las vueltas, oigo a mi padre animarme, pero no me atrevo a mirar, no sea que me coma un cono, la rotonda, los que vienen de cara o a la yaya que se ha puesto a cruzar porque el genio del municipal le ha dado permiso.

En la T2, repetimos malabarismos y acrobacias, dos carriles estrechos de conos, de ida y vuelta, más un tercer carril de entrada a box. La mitad de triatletas no les da tiempo a quitarse las zapatillas, hay uno delante de mí que se equivoca y va por el carril de la tercera vuelta imaginaria… un drama. Ni en el Coliseo les ponían más trabas a los gladiadores. Otro año, podrían apostar francotiradores en los tejados.

Mi padre se descojonaba:

Oye, ¿sabes que había gente que ponía el plato pequeño para subir el puente de la autovía? ¡Qué malos!

Papá, compórtate… ya me gustaría a mí verte a ti subiéndolo…

Consigo entrar. Perfecto. En la T2 y no estoy muerto. Ahora viene lo fácil. Solo hay que correr lo más rápido que uno pueda. Salgo valiente, a darlo todo. Paso a todos los de mi grupito de bici. Éste lo gano. Bueno, mejor te serenas un poquito, porque como sigas así te retiras a los 500m. El correr es fácil, porque requiere de menos habilidad, das lo que tienes. Y a mí ese día me dio para ir cazando a gente, a un ritmo de carrera pero que sabía que podía mantener. Contento por ir en progresión. Cuento los triatletas que vuelven, descontando los de relevos, unos 28… Pues a seguir de cacería. Son dos vueltas a un circuito que a mí me gusta porque he corrido años por allí, pero que resulta un tanto insulso. Vas y vuelves por un paseo marítimo. Como otros muchos triatlones. En los últimos 200 metros hago un Valverde. Dícese de aquella maniobra, en la que con mucho puterío, le haces un sprint por sorpresa a un tío que llevaba delante. Sí, sí, de repelente total, pero qué culpa tengo yo… Por cierto, el recorrido a pie, mi Garmin dice 9.3km. Y no se equivoca de mucho, porque me sale en 35m20”. Por mucho que quede fardón decir que has hecho el sector a pie de un olímpico en 35’, pues es una mentira como una catedral. Además, hubiera apretado antes y en vez de coger a uno, hubiera pillado a dos ¡Ea!

¿Dónde está mi padre? Ahí viene.

¿En cuánto has llegado?

2 horas y un minuto.

Pues el primero te ha sacado 10 minutos.

Gracias papá…

Pocas ostias. Esa es la pura verdad. Ya puedes hacer deporte por pasarlo bien, porque si pretendes aspirar a algo, probablemente seas un iluso. En realidad no fueron 10’, fueron 7’, pero eso es todo un mundo en esta distancia. Me fui a casa con el 22 de la general, más o menos contento. Descubriendo a Carlos Dapena como el dorsal 41 fantasma, de mi club, el CH Cerdanyola. Con el que me tengo que disculpar por ni haberlo visto. La competición es lo que tiene.

Descubriendo también, de nuevo, lo bien que sienta estar a las 11:30 de la mañana, con toda la faena hecha, zamparte unas bravas y un par de claras (cervezas, nada de suplemento de culturista).

¡Hasta el año que viene amigos! Aunque vuelvan a cambiar el patrocinador, el triatlón de Gavá seguirá fiel a sus principios y recorridos. Y queda al lado de casa, así que no tengo excusa. A ver si un año se animan y lo hacen subir a Begues… ¡Ahí lo dejo!