Dentro de Oregón, en Estados Unidos, se encuentra uno de los verdaderos paraísos para cualquier corredor. Un Estado que podemos decir abiertamente que se puede medir de tú a tú contra atletas de la categoría de Kenia o Etiopía. Prefontaine podría ser uno de ellos sin ir más lejos, pero también Galen Rupp, el reciente ganador de la maratón de Chicago, o también Devon Allen, el atleta blanco americano más rápido en los 110 vallas son solo alguno de los productos salidos de esta factoría.

Y este sitio paradisíaco, situado en un lugar apartado y remoto de los ruidos, el estrés y la ajetreada vida de Portland es el famoso campus Nike World Headquarters. Propiedad del gigante americano de zapatillas y ropa deportiva, es el punto de encuentro para el entrenamiento de muchos corredores de élite. Pero el verdadero centro de atención de este campus es su pista de atletismo, la famosa Michael Johnson Track:

Cuatrocientos metros de longitud en una pista situada en plena naturaleza.  Un lugar que permite a cualquier corredor desconectar de la rutina de la vida laboral y adentrarse por un momento en plena naturaleza salvaje y creer durante unos minutos que no estás en mitad de Portland. Si hubiera que decir algo sobre esta pista, diría que parece que está hecho justo para aquellos que solo aman una cosa en la vida: correr.

En esta singular pista de entrenamiento se dan cita o hacen pequeñas concentraciones, no solo algunos de los nombres ya citados anteriormente, sino campeones de la talla de Paul Chelimo (plata en los 5.000 metros de Río y bronce en la misma distancia en Londres este año). Dafne Schippers, Mary Cain y Sir Mo Farah también se dejan ver por aquí alguna vez que otra. Verles “bailar” en la calle 1, desapareciendo a través de la espesa vegetación y volviendo a aparecer al otro lado al cabo de unos segundos es un verdadero espectáculo para cualquier aficionado.