Hace unos días hablábamos de lo difícil que es que el responsable de la muerte de un ciclista en accidente de tráfico fuese a la cárcel en el artículo Por qué los accidentes ciclistas tienen tan poca pena de cárcel. Por decirlo de manera fácil, la ley actual les era muy favorable al considerar el suceso, en todos los casos “homicidio por imprudencia grave”.

Pero el caso de las trampas a ciclistas en el monte ya es otro tema. Ahí ya puede que los que los fines de semana cogemos la bicicleta y salimos a pasear con los colegas veamos que por una vez la justicia se ponga de nuestro lado y no nos deje tan indefensos. La semana pasada, Juan Carlos Aladro, representante del Ministerio de Justicia en Pontevedra, declaró que las trampas a ciclistas “merecen no solo el mayor de los reproches, sino también el mayor de los castigos por las consecuencias que pueden tener para las víctimas“.

En este sentido, advirtió que la colocación de pinchos, cuerdas, tablas, etc… “podría derivar en imputaciones de delitos vinculados con el homicidio doloso o, incluso, el asesinato, ya fuera en grado de tentativa o consumado según se desprendiese de las pruebas recabadas“.

Por fin, ¡una buena noticia, hombre, ya era hora! Por si no controláis del tema, hay una diferencia muy gorda entre homicidio y asesinato, y es que aunque en ambos casos hay fallecimiento final, en el homicidio no es premeditado, y en cambio en el asesinato sí. Obviamente la premeditación está mucho más penada que el homicidio.

Trampas a ciclistas

Foto: El País

Y es que ya el tema empieza a ser realmente grave y de una envergadura suficiente como para que la Fiscalía General del Estado, con Consuelo Madrigal a la cabeza, tome cartas en el asunto. A veces tengo la impresión que desde los organismos públicos consideran las trampas a ciclistas como “chiquilladas” y no como lo que realmente es: una tentativa clara de terminar con la vida de una persona o, cuando menos, hacerle muchísimo daño. Por desgracia, no hay puto fin de semana en el que no salga a la luz un nuevo caso de trampas en el monte.

Trampas a ciclistas

Foto: El País

Trampas con tablas de metal con clavos de quince centímetros, piedras de cien kilos en curvas donde antes no había nada, alambres de espino colocados a media altura de árbol a árbol… A mí me la bufa si como dice Consuelo Madrigal los autores de estas vejaciones son “comunidades vecinales de utilización de montes y espacios de uso común o encargados o titulares de aprovechamientos de caza“. Me da igual, no es normal que los usuarios de la BTT, que son gente que no hacen daño a absolutamente a nadie, salgan con miedo a que un clavo les atraviese la cara, una cuerda les corte el cuello o una piedra les deje parapléjicos. Y por desgracia he citado tres casos que han ocurrido a lo largo del último año.

Lo único que quiero es que de una vez por todas se tomen cartas en el asunto y que aparte de no tener que sufrir más accidentes, y mira que ya está habiendo unos cuantos, detengan a los culpables y se pudran en la cárcel. Y si es pena de asesinato y pueden cumplir la mayor pena posible, lo mismo los siguientes sinvergüenzas que quieran poner una trampa, se lo piensan.